21 de febrero 2012 - 00:00

Se unen principales gremios industriales

Antonio Caló, líder de la UOM, es uno de los sindicalistas con mejor diálogo con Cristina de Kirchner.
Antonio Caló, líder de la UOM, es uno de los sindicalistas con mejor diálogo con Cristina de Kirchner.
El Gobierno logró lo que parecía imposible: unir los principales sindicatos industriales, incluso a rivales históricos, bajo un mismo sello en formación. La creación inminente de una federación de gremios de la actividad, capitaneada por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y el Sindicato de Mecánicos (SMATA) responde a la necesidad del sector de sumar peso con vistas al congreso de renovación de autoridades de la CGT, en julio, y a constituirse en interlocutores del Gobierno en momentos en que se mantiene la tensión con Hugo Moyano.

El nuevo conglomerado sindical es además una respuesta a otros que surgieron en los últimos tiempos, como la Federación Ferroviaria, la confederación de gremios de la energía (Catheda) y la reactivación de la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), que comandan Moyano y el taxista Omar Viviani. Y en el caso de los gremios industriales, se trata de una iniciativa que se intentó en 2005 y que sólo pudo prosperar ahora por la coincidencia entre Antonio Caló, de la UOM, y Ricardo Pignanelli del SMATA, de estar alineados con el Ejecutivo y tener diferencias con el líder de la CGT.

El jefe de la Asociación Obrera Textil (AOT), Jorge Lobais, confirmó ayer la iniciativa, que según dijo prevé incorporar además a otros sindicatos como los del plástico, el calzado, el vestido y la alimentación. «A partir de esta semana continuarán las conversaciones con otros gremios para avanzar definitivamente en este tema», agregó Lobais.

Entre los gremios industriales dijeron, sin embargo, que la creación de la nueva federación es alentada desde la Casa de Gobierno y que uno de sus principales impulsores es el diputado nacional Carlos Kunkel, a su vez promotor en el oficialismo de la candidatura de Caló para suceder a Moyano al frente de la CGT. El metalúrgico presume en ser uno de los sindicalistas preferidos de Cristina de Kirchner.

La entente que busca acelerar el Gobierno apunta a poner fin a décadas de rispidez y desconfianza entre la UOM y el SMATA, que en los 70 llegaron a enfrentarse en varias ocasiones por conflictos de encuadramiento de los trabajadores del sector automotor. En los últimos años esa distancia se acortó y los dirigentes se refieren a sus pares del otro gremio como «primos», aunque puertas adentro se mantiene a baja intensidad una constante guerra fría entre ambos. De hecho, en el comité arbitral de la CGT reconocen que hay apilados desde los 70 expedientes sin resolver que plantean disputas entre los principales sindicatos de la industria.

Pero la distancia que puso el Gobierno respecto de Moyano encontró a Caló y a Pignanelli en la misma vereda. El dirigente del SMATA recién se convertirá en jefe formal del sindicato en marzo cuando reemplazará a Mario Manrique, que se recostó durante su gestión en el camionero. Pignanelli, en cambio, mostró desde el principio mayor afinidad con el sector de los «gordos» (grandes gremios de servicios que objetan el liderazgo de Moyano) y se declaró kirchnerista sin medias tintas.

Más allá del posicionamiento político de los líderes de la UOM y el SMATA, la confederación de gremios industriales tendrá necesariamente variedad de alineamientos. Por caso, Lobais es un declarado defensor de Moyano al igual que Agustín Amicone, líder del sindicato del calzado, y Alberto Murúa, nuevo referente del gremio de trabajadores del plástico. De hecho, Murúa se alzó con el liderazgo de los plásticos con el respaldo explícito de Moyano y de ese modo le permitió al camionero sumar un gremio que hasta el año pasado, con la gestión de Vicente Mastrocola, estaba alineado con el gastronómico Luis Barrionuevo.

En los gremios que integrarán la futura federación de industriales blanquearon los dos ejes de la iniciativa: sentarse en bloque a negociar con el Gobierno futuras medidas económicas para el sector, que hasta ahora los funcionarios conversan con los gremios por separado, y reforzar la presencia de sus dirigentes en el futuro Consejo Directivo de la CGT. El propósito de máxima, que algunos identifican con ubicar al frente de la central obrera a Caló o a Pignanelli, suena de momento demasiado pretencioso y más como una provocación del Gobierno a Moyano.

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