Cuando el año pasado el Secretario General de las Naciones Unidas inauguro la cumbre mundial climática en Katowice (Polonia), expresó que “somos la última generación que puede frenar el cambio climático”. Es cierto, por eso lo que tenemos ya que hacer para cuidar nuestra Tierra requiere la voluntad política de todas las naciones, y nadie se puede hacer el distraído como hasta ahora.
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Seguimos acumulando gases contaminantes

Hace ya muchos años que no se presta debida atención a esta creciente amenaza climática. Nunca se le prestó la atención requerida al Informe Stern, que hace ya más de una década sostenía que el cambio climático ya representaba entonces un reto único para la humanidad, sosteniendo que era el mayor y más generalizado fracaso del mercado jamas visto en el mundo. También afirmaba que las consecuencias “podrán ser graves e irreversibles”. Stern fue claro cuando expresó que “cuanto menor sea la mitigación que logremos ahora mayor será la dificultad de continuar adaptándonos en el futuro.” Bueno, pasaron ya muchos años y cada año que pasa es peor al anterior, ya que no solo crecen las emisiones contaminantes, sino que aumentan de una manera rápida y sumamente peligrosa las emisiones de CO2 ya acumuladas que envuelven a nuestra Tierra, y que permanecerán por siglos en el futuro. Veamos lo que, según la Agencia Internacional de Energía (AIE) acaba de informar, ocurrió el año pasado.
. El consumo mundial de energía aumentó 2,3 por ciento.
. Las emisiones anuales de CO2 aumentaron 1,7 por ciento. Este aumento es el mayor registrado desde el 2013.
. En los 4 países que son los mayores consumidores de energía en el mundo se registraron los siguientes aumentos en su utilización (%): China 3,5, USA 3,7, India 4,o y Unión Europea 0,2.
. Los aumentos en las emisiones contaminantes de CO2 fueron (%): China 2,5, USA 3,1, India 4,8, Unión Europea (-) 1,3. –
La buena noticia es que las energías que más crecieron el año pasado fueron las limpias, así denominadas porque no emiten CO2 (renovables, nuclear y hidroeléctrica), pero estas energías representan apenas el 20 por ciento de la producción total energética. El 80 por ciento restante corresponde a las energías fósiles contaminantes con los siguientes proporciones: carbón 26, petróleo 31,3 y gas 22,7.
Si bien es cierto que las energías limpias vienen creciendo año a año más rápidamente que las fósiles contaminantes, este aumento por sí solo no es suficiente para abatir las emisiones de CO2, por la sencilla razón que las fósiles contaminantes, es cierto que crecen menos rápido que las limpias pero aún siguen y seguirán aumentando. Un ejemplo es el carbón, la energía más contaminante, que no está reduciendo su producción ya que sigue creciendo. De cada 100 unidades de CO2 generados por la producción de energía 44 le corresponden al carbón, 34 al petróleo y 22 al gas.
Hay que mencionar especialmente al gas cuya producción está creciendo más que el petróleo o el carbón. Se trata de una buena noticia porque el gas contamina menos que el carbón o el petróleo, pero con esto solo no alcanza ya que estos fósiles crecen menos pero aún crecen y no reducen su producción contaminante.
Las emisiones acumuladas en nuestra atmósfera vienen creciendo año a año desde fines del siglo XVIII, es decir desde los comienzos de la denominada Revolución Industrial. En esa época estas emisiones acumuladas alrededor de nuestra Tierra llegaban a 280 ppm. De CO2, cuando comenzaron las negociaciones internacionales convocadas por Naciones Unidas en Berlín en 1995 ya habían trepado a 360, cuando se realizaba la última reunión en Polonia el año pasado, ya habían llegado a 409.
Según las evidencias científicas el limite que no debe ser cruzado, si es que se quieren evitar graves impactos ambientales, es de 450 ppm. Como se observa nos estamos aproximando a este limite peligroso. Al momento de escribir esta nota estas emisiones acumuladas ya habían ascendido a 414 ppm. A este ritmo de crecimiento anual de gases acumulados cruzaríamos la barrera crítica de 450 ppm. antes de veinte años.
Según los paneles científicos convocados por Naciones Unidas denominados IPPC, para no cruzar la barrera crítica de CO2 acumulado es necesario no solo dejar de seguir aumentando las emisiones sino comenzar además a reducirlas, para que hacia 2030 sean nada menos que alrededor del 40 por ciento inferiores a los niveles actuales . Pero es grave constatar que las tendencias vigentes van bien a contramano de lo requerido, según los aportes científicos para cuidar nuestra casa común. Hace unas semanas se conocieron las estimaciones y proyecciones sobre el consumo de energía preparadas por BP, estos estudios indican que no solo no se reducirán las emisiones de CO2, sino que en el año 2040 serán aun 7 por ciento mayores a las actuales.
Estas proyecciones publicadas por BP no deberían sorprender mucho, ya que el año pasado la AIE también había informado que sus proyecciones no eran compatibles con el Acuerdo de París del 2015, ya que las emisiones contaminantes no solo no iban a reducirse en el futuro, sino que hacia el 2040 serían alrededor de un 10 por ciento mayores de las del 2017. Según la AIE, seguiría aumentando peligrosamente la temperatura mundial debido a estas crecientes emisiones.
Cuando fue electo Trump, Estados Unidos, segundo contaminador mundial, dejo de ser parte de la solución como había sido durante la presidencia de Obama para convertirse en una parte del retroceso ambiental. Por ejemplo, abandonando los compromisos de reducción de emisiones asumidos en el Acuerdo de París. Se trató de una decisión de impacto negativo, ya que es grave no solo que crezcan las emisiones contaminantes, como hemos visto en esta nota, sino que al mismo tiempo se debiliten los esfuerzos para reducirlas.
* Academia Argentina de Ciencias del Ambiente


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