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Señal: desde 2007 Congreso demora la aprobación del gasto a Cristina
Cristina de Kirchner
El problema no parece estar en la AGN que analiza la cuenta de inversión y emite su parecer sobre la ejecución del gasto, sino en los recintos y los partidos, tanto la oposición como el kirchnerismo, para sentarse a analizar cada una de ellas.
Sospechas
La demora despierta sospechas y hasta algunas malas lenguas hablan de una lentitud programada en las cámaras (de los dos bandos) para no darle a Cristina de Kirchner la tranquilidad de aprobarle todas sus cuentas o, por lo menos, hasta el último año disponible.
El tema no es menor: el análisis de la cuenta de inversión es el único momento en que los órganos de control del Estado pueden aprobar o rechazar la forma en que un presidente gastó.
Teniendo en cuenta el sistema de subestimación de crecimiento y de la inflación que le generaron al Gobierno, durante todos estos años, importantes excedentes de recaudación que luego se administraron por decretos de necesidad y urgencia, la revisión por parte del Congreso aparece crucial. Pero no fue así. Cristina de Kirchner dejará su primer mandato e iniciará, seguramente, el segundo sin que nadie moleste las cuentas públicas.
El análisis de la cuenta de inversión por parte del Congreso puede tener una doble lectura. Su ausencia deja al presidente sin la ratificación de sus medidas y desnudo legalmente ante la responsabilidad en la Administración Pública por el manejo de fondos, lo que en realidad puede suponer una suerte de extorsión parlamentaria. Pero esa situación también puede beneficiar al Poder Ejecutivo al no revisar los períodos más complejos. Lo sabe Carlos Menem, que vio cómo el Congreso le dejó congelados y sin aprobar los años más duros de su Gobierno, 1994, 1995 y 1996, sobre todo por los ingresos por privatizaciones que nadie quería avalar en los recintos.
Esa situación que vive la Presidente dista mucho de la que tuvo su marido. En noviembre de 2007, este diario tituló: «Se asegura el Presidente cuentas en paz en el Congreso».
Allí se relataba el extraño privilegio histórico que había logrado Néstor Kirchner, sólo equiparado por Juan Domingo Perón en su primera presidencia: el Senado y Diputados le ratificaron las cuentas de sus primeros años de gobierno.
Fue otorgarle una seguridad jurídica que ningún presidente pudo tener, ya que el resto de sus años de mandato pasó sin inconvenientes. Fue un «privilegio» que no pudieron tener Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa ni Eduardo Duhalde, por la demora eterna del Congreso en aprobar la cuenta de inversión de cada año.


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