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Señales del ultra iraní, perdido en su laberinto
El ultra Mahmud Ahmadineyad mantiene el pulso firme avalado por los clérigos iraníes. Sin embargo, al mando de una virtual dictadura, el presidente negacionista podría ver su estabilidad comprometida al compás de las sanciones que logró imponer Barack Obama desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. «Me gustaría declarar mi disponibilidad para mantener un cara a cara, en presencia de los medios de comunicación internacionales, con el presidente de los Estados Unidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas», alardeó ayer el mandatario iraní. Las democracias capitalistas observan estos vaivenes tratando de evitar un conflicto armado de consecuencias funestas.
No es fácil saber si ese mensaje deja una puerta abierta o es una repetición de un ejercicio semántico al que Teherán parece habituado. Hay una expresión nueva en boca del canciller iraní: «sin condiciones». Ello puede estar dirigida a los demás y no necesariamente implica que Irán haya abandonado intenciones.
Sin embargo, representa un tono de mayor flexibilidad.
El hecho político nuevo es que las sanciones están en marcha y un número amplio de países se han sumado para fortalecer la cuarta ronda de medidas punitivas adoptadas por el Consejo de Seguridad. Así las cosas, las noticias provenientes de Irán estarían demostrando un cierto impacto en la sociedad iraní.
No está claro que ese factor en un país de la dimensión de Irán resulte suficiente para hacerle torcer el brazo. Puede doler, pero no parece una medida con capacidad para hacerlo arrodillar.
Quizás el dato más significativo es el creciente aislamiento de Irán. En un mensaje reciente, el presidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvédev, se alejó de Teherán al admitir que el programa nuclear iraní tenía propósitos proliferantes. China, por su parte, mantiene distancia con Irán a pesar de los vínculos en hidrocarburos. Turquía y Brasil han suavizado el discurso inicial sobre la propuesta ofrecida oportunamente, admitiendo que Irán debería cooperar con otras medidas en el campo del enriquecimiento dando a entender que admitían que la fórmula original no había sido suficiente.
A pesar de estas circunstancias, el discurso oficial sigue siendo agresivo y hasta combativo. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, continúa señalando la intención de borrar del mapa a Israel. No es el único frente abierto. Los sunitas parecen rivalizar con Israel en el pensamiento de la teocracia de Teherán, que advirtió a Pakistán que ingresaría en su territorio si se produce otro atentado contra una mezquita chiita iraní.
El panorama sigue siendo complejo, aunque Irán tiene a su favor la confusión que despierta en Estados Unidos y en Europa la conducción de la guerra en Afganistán. Ese factor no es menor en un país que como Irán piensa sus movimientos de política exterior en términos estratégicos.


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