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Sensible relato con chica down
La historia de una chica down sobreprotegida que se pierde tras el atentado a la AMIA tiene puntos flojos, pero interesa, y la actriz Alejandra Manzo es una revelación.
Fuera de algunos puntos flojos, que afectan levemente la historia, esta nueva obra de Marco Carnevale tiene méritos más que relevantes: habla del atentado a la AMIA desde un aspecto inhabitual, observa ciertas formas confusas de piedad que suele tener la gente, plantea la indefensión de los más débiles en circunstancias graves, y nos hace apreciar los sentimientos de una chica down, justamente a través de una chica down. Ella es Alejandra Manzo, buena revelación actoral, empleada gastronómica en la vida real, que en la película interpreta a una criatura, al parecer, demasiado sobreprotegida, la Anita del título.
De pronto sucede una catástrofe en la vida de Anita: quizá por una desobediencia suya, según cree, el pequeño negocio de papelería y juguetería de la madre (una señora ya grande) se sacude todo. La criatura sale lastimada a la calle, a buscar a la mamá, una señora la endereza para el hospital, y allí la pobrecita toma otra salida y se pierde. ¿Qué ha pasado? Los televisores de una vidriera muestran imágenes terribles, pero ella mira la imagen de un elefante. Su mundo es otro. También viven en otros mundos las personas con quienes se cruza, cada una absorbida en lo suyo, ejerciendo, de todos modos, y de a ratos, algún modo de conmiseración, a veces poco lúcido, medio egoísta, pero, en fin, cada uno da lo que puede. Curioso, de toda esa gente la más agradable es una familia de chinos, que vaya uno a saber lo que dicen, y por qué casi más la adoptan, pero lo evidente es que ahí la abuela sigue siendo autoridad.
Interesante, la pintura de quiénes patronean en cada ámbito (el hermano, típico yuppie de barrio que se irá aflojando, la china rezongona al mando del supermercadito, el ciruja en camioneta que rescata a la chica durmiendo bajo un puente de Estación Once, pese a la aprensión de sus subordinados).
Destacable, el efecto de la explosión y la ola de polvo a cargo de Alejandro Valente. Lástima, algunos puntos flojos en la pintura de personajes y situaciones que quizá daban para más. Linda, en cambio, la sencilla emoción del desenlace, y bien precisa, como para ponerla en un marco y leerla todos los días, la frase de cierre.
En síntesis, una película mejorable, pero bien sensible, interesante, con una pequeña historia que tiene gran fuerza. Para considerar: contadísimos artistas down han protagonizado una película. El más notable fue Pascal Duquenne, que llegó a compartir con Daniel Auteuil la Palma de Oro al Mejor Actor en Cannes, por su trabajo conjunto en «El octavo día», de Jaco van Dormael. Son obras muy distintas, pero ambas valen la pena.


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