14 de septiembre 2011 - 00:00

“Ser un best seller no sólo es un prodigio del marketing”

Aunque las ventas de las 12 novelas que lleva publicadas «van por 25 millones de ejemplares y ya están en 43 idiomas», Levy dice que su caso es diferente al de Dan Brown, «porque no soy número uno en todos los países donde me publican».
Aunque las ventas de las 12 novelas que lleva publicadas «van por 25 millones de ejemplares y ya están en 43 idiomas», Levy dice que su caso es diferente al de Dan Brown, «porque no soy número uno en todos los países donde me publican».
Hace 12 años, cuando el francés Marc Levy estaba por cumplir 40 años, escribió «Ojalá fuera cierto», su primera novela. Hasta ahí había sido socorrista de la Cruz Roja y desarrollado empresas en California y París. Pero ese libro iba a provocar un vuelco rotundo a su vida. Fue un éxito internacional, y Steven Spielberg compró los derechos por 2 millones de dólares para llevarla al cine. Con ese envión, Levy se dedicó por entero a escribir, convirtiéndose en autor de best sellers. En su breve visita a Buenos Aires para presentar su novena novela, «El primer día», que publicó Planeta, dialogamos con él.

Periodista: Su obra no pareciera relacionarse con la del Premio Nobel Le Clezio ni con la de Michel Houellebecq sino con la literatura popular francesa de mediados del siglo pasado, que tuvo mucho éxito, como las novelas donde René Barjavel buscaba mostrar «la naturaleza indestructible del amor».

Marc Levy: Es cierto, me siento vinculado con la literatura del siglo XIX, de Alexandre Dumas en especial. Admiro a Houellebecq pero no me siento cercano a su obra. En tanto que eso sí lo siento con algunas de las novelas de Barjavel.

P.: Por lo pronto, en «El primer día», usted une, como Barjavel en algunas de las suyas, viajes, aventuras y romance.

M.L.: Mis personajes viajan por el mundo para llegar al origen del mundo, a descubrir el origen del universo. «El primer día» es, de algún modo, una novela de aventuras donde los personajes son empujados por peripecias que le van sucediendo. Es novela de aventuras en el sentido de que no es un relato introspectivo sino una historia que ocurre en el mundo. Pero ése es sólo uno de los aspectos de mi novela.

P.: Es el reencuentro de dos científicos que se amaron en la adolescencia, un libro de viajes, una conspiración provocada por un enigma científico. ¿Planeó su novela para que fuera otra película que le produjera Steven Spielberg?

M.L.: (Ríe) Cuánto lo dudo, pero... cómo me gustaría. Esta historia no tiene nada que ver con mi primera novela «Ojalá fuera cierto», que produjo DreamWorks, y si bien hay quienes dicen que tiene algo de las aventuras de Indiana Jones, mis personajes son diferentes, son personas normales, si se caen de una escalera se rompen una pierna, como la gente común. Si bien Keira es arqueóloga, su principal objetivo es encontrar el primer homínido, y Adrian es un astrofísico al que lo desvela descubrir cuál fue la primera estrella. Son antihéroes a los que le ocurren cosas, no Indiana Jones. Creo que «El primer día» se acerca más a un Phileas Fogg que a James Bond.

P.: En «Ojalá fuera cierto», que encarnaron en el cine Reese Witherspoon y Mark Ruffalo, había una historia de amor, entre un viudo y una fantasma, que se realiza. En «El primer día» la historia de amor fracasa. ¿Por qué eligió concluir en un drama?

M.L.: Lo que ocurre es que usted leyó la primera parte. A «El primer día» sigue «La primera noche», que se publicará acá el año que viene. Respecto a lo que le sucederá a esa pareja le diría que tenga altas esperanzas en cuanto a lo que le va a ocurrir.

P.: ¿Qué cantidad de libros lleva vendidos para ser uno de los más destacados best sellers de Francia a nivel internacional?

M.L.: Van por 25 millones de ejemplares, de las 12 novelas que llevo publicadas y que ya están en 43 idiomas.

P.: Eso hace que usted pertenezca a ese universo privilegiado de la industria editorial donde están de Dan Brown a Rosamunde Pilcher. ¿Eso marca el sentido de su escritura?

M.L.: No creo que esté en ese grupo. A diferencia de Dan Brown no soy el número uno en todos los países donde me publican. Me siento más cercano, como ejemplo, si bien el género literario en el que trabajamos es notablemente distinto, con Stephen King, que fue, y sigue siendo, un best seller en muchísimos países, pero eso no es lo que importa de King, lo que importa es que él tiene su propio universo. Y los lectores de todo el mundo gustan de eso que tiene su sello, que es específicamente Stephen King. Creo que lo que sucede con algunos escritores que son best sellers internacionales es que escriben sólo obras que puedan trascender las fronteras de su país, Tratan de descubrir qué atrae, intriga y entretiene a una mayoría de la población lectora del planeta. Escriben para esos supuestos lectores globales. Yo me pregunto si esos best sellers internacionales son verdaderos prodigios del marketing. Cuando fui a Vietnam, donde 9 de cada 10 libros son copias, donde las editoriales hacen esfuerzos con un presupuesto mínimo, donde no hay publicidad a través de los medios, descubrí que allí tengo, comparativamente, la mayor cantidad de lectores. Por lo tanto no todo es marketing.

P.: Eso, en el caso de King, son los miedos humanos. ¿En su caso se trata de lo sentimental, de lo romántico?

M.L.: No, para nada. Mis libros tratan del universo de los solitarios, de quienes están solos, y van hacia quienes se sienten solos. Si hay algo que tienen en común mis personajes es la soledad. Mis obras los muestran peleando contra la soledad. Cuando los periodistas califican a mi obra de romántica, les recuerdo que mi segunda novela comienza con el huracán Fifi, que en la década de los 70 mató más de 50 mil personas en Honduras, y cuento lo que le pasa a Susan, una mujer que trabaja para una organización no gubernamental, los Cuerpos de Paz, y es capaz de salvar personas pero incapaz de amar a alguien. En eso no hay nada romántico. Podría desmenuzar todas mis novelas del mismo modo, y mostrar que tratan sobre el sentirse solo, en lo que se siente sintiéndose solo en las grandes urbes, en esos lugares donde uno se siente solo rodeado por millones de personas. «Ojala fuera cierto», mi primera novela, no trata de una mujer que está en coma. El coma es una metáfora de alguien que ha puesto tanta devoción en su trabajo que ya nadie la nota, que se ha vuelto invisible. Y se asusta tanto de su invisibilidad que hace algo para que ese hombre que ella quiere la vea aunque sea una vez. Eso es lo que sucede en la trama real de la historia que pareciera ser la de una mujer fantasma y un viudo. Lo que trato de hacer en mi trabajo es hablar de algo muy serio, pero no tomármelo en serio.

P.: ¿Descarta, por lo tanto, el calificativo de «maestro de la novela romántica actual»?

M.L.: Cuando a uno lo catalogan así es porque está dando resultado alguna estrategia de marketing [se ríe]. Pero creo que los lectores captan la verdad.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.L.: En noviembre me encierro a escribir una nueva novela donde, ahora que lo estoy conociendo, seguramente aparecerá Buenos Aires, el cementerio de la Recoleta, y es todo lo que puedo adelantar por el momento.

Entrevista de Máximo Soto

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