• NETFLIX ANUNCIÓ QUE NO HABRÁ TERCERA TEMPORADA DE "SENSE8" PESE A LAS PROTESTAS DE LOS FANS
Sense8. Medio millón de usuarios amenazó en las redes con cancelar su suscripción a Netflix por el abrupto final de la serie. La cadena de streaming comparó los costos de producción con el magro efecto mediático.
El adictivo mundo de las series se ha propagado entre las audiencias de un modo tal que a menudo se pregunta el fan varias cuestiones: primero, las razones por las que se cancelan abruptamente algunas series, inclusive originales de Netflix o HBO, y las dejan en el limbo de finales inconclusos, como ocurrió esta semana con la confirmación de que no habrá tercera temporada de "Sense8", de las hermanas Wachowski, original de Netflix. Cuenta con innumerables seguidores en el mundo y su abrupto final llegó tras la emisión de la segunda temporada, dividida en dos partes, de sólo 11 capítulos. Aunque Netflix diga que "hay que cancelar más para asumir nuevos riesgos" (Reed Hastings, presidente de la compañía), trascendió que los costos de producción estaban por encima de los beneficios, y la serie rodada en 13 países no tenía el efecto mediático de otras de su género, por caso, "Stranger things".
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Tanto sorprendió el final que casi medio millón de usuarios amenazó en redes sociales que se daría de baja de Netflix. Las dos únicas temporadas permanecerán en el streaming. Algo similar ocurrió en Netflix con "The Get Down", una de las más caras de la historia de la TV, sin desenlance a la medida de sus historias, o "Designator Survivor", con Kieffer Sutherland. Realizada con altos costos de producción, tras su segunda temporada dejó un final abierto a la espera de una tercera, aún sin confirmar.
Lo mismo pasó con varias producciones de HBO: los finales abruptos de "Luck", con Dustin Hoffman", "Vinyl", de Martin Scorsese y producida por Mick Jagger, o "Westworld", con Anthony Hopkins. "Looking" tampoco había funcionado pero produjeron una película final para no traicionar a la base de suscriptores LGTB mientras la nave insignia de esa cadena, "Game Of Thrones", tendrá su demorada séptima temporada el 16 de julio. Contará con 7 capítulos, que sumados a los 6 de la octava temporada totalizarán los habituales 13 que tiene cualquier serie. Claro que al tratarse de tamaña franquicia (en HBO la definen como la más exitosa de toda su historia) se lucra todo lo posible, esto es, se estira y se siembra más suspenso. Cuenta con seguidores alrededor del mundo que acercan el fenómeno a "Star Wars" o "El señor de los anillos".
Hay que diferenciar sin embargo la lógica de una cadena de TV y la de la plataforma de contenidos de Netflix: no se trata sólo de espectadores sino también de clientes. Los canales de televisión producen pensando en las exigencias de los anunciantes, que buscan perfiles de consumidores concretos. Pero Netflix no depende de la publicidad sino de sus inversores, de los acuerdos con los proveedores de contenidos y de los suscriptores que pagan cada mes para tener acceso a la red.
Desde los inicios de esa plataforma se había experimentado un funcionamiento y modo de consumo distintos; se advertía interés por abastecer a los nichos, algo a lo que las audiencias tradicionales no estaban acostumbradas, por caso el "binge watching" o ver todo de un tirón o como elija hacerlo el espectador. Pero de a poco Netflix espeja la lógica de las cadenas y cancela series, cuando en un principio no dejaba de sumar contenidos.
Otro de los interrogantes que aparecen entre las víctimas de la abstinencia audiovisual apunta a cómo se podrá sobrevivir a cierres irrevocables de hitos como "Breaking Bad" o "House of Cards". "Breaking Bad" ofreció su precuela con el spinoff "Better Call Saul", que concluyó la semana pasada tras 8 capítulos y un cierre abierto que, se supone, continuará el año que viene. A menudo guionistas y productores se empeñan en explicar por qué se demora tanto de una temporada a la otra, y reiteran que su método de trabajo es tan riguroso que implica, en la mayoría de los casos, largos meses para el brainstorming (tormenta de ideas), escritura de guiones, preproducción con búsqueda de locaciones, ensayos y filmación acorde a los tiempos del cine. Lo cierto es que al público ávido de contenidos le cuesta conformarse con catálogos extensos pero cuya heterogeneidad es cada vez más grande. Hay cantidad pero cuesta encontrar verdadera calidad (guión, dirección, realización).
En cuanto a "Breaking Bad", los fans habrán de conformarse con ensayos de realidad virtual que se están haciendo para continuar con la historia de Walter White y Jesse Pinkman. Claro que se trata de una tecnología carísima que ni siquiera cuenta con el hardware disponible en nuestro país.
Más alentador aunque no menos angustiante para los ansiosos es pensar en cómo se sigue adelante ante finales con la promesa de continuidad de series de espías como "Homeland" (llegarán la séptima y octava temporada recién en 2018 y 2019 respectivamente, por Fox) o "The Americans" (se espera la quinta para el año próximo por Fox).
A menudo se lamenta el espectador por tramas alargadas en varias temporadas, que en los casos de "Homeland" o "Breaking Bad" pueden alentarse gracias a excelentes resultados de calidad, pero ahora hasta se sublevan aquellos a quienes engañan con una historia que se cancela con argumentos de falta de interés, que en rigor no son más que un negocio inconsistente para las compañías.
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