La danza de Sibila se impregna de las texturas, del color y de los perfiles de la pintura española.
«Claroscuro» (trazos flamencos). Idea y dir.gral.: Sibila. Coreog.: Sibila. Luces: C. Salamanqués. Ballet del Instituto Coreográfico Sibila. (Centro Cultural Borges). Próximas funciones: 19 y 26/4. En su nuevo espectáculo «Claroscuro» (trazos flamencos), Sibila establece un paralelismo entre la pintura y la danza de España. La dinámica, el zapateo y la exploración espacial a través del movimiento sirven a la bailarina y coreógrafa para partir de imágenes proyectadas en una pantalla, que se animan a través del diseño coreográfico, y que incluye la utilización del color, de los claroscuros, de los gestos, de la mímica y de las actitudes corporales, siempre con la base sonora adecuada para acercarse a través de la danza al arte plástico español.
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Si bien nacidos en dimensiones distintas como son la espacial y la temporal, Sibila logra la interacción de una y otra en una síntesis grácil. Los límites se vuelven débiles entonces y la danza se impregna de las texturas, del color y de los perfiles de la pintura con una naturalidad asombrosa. Desde el primer cuadro «El majismo de Goya» donde Sibila acude al estilo de danza bolera con zapatillas de punta y la música de Enrique Granados, continuada por unas seguidillas manchegas anónimas del siglo XIX, se comienza a percibir la correspondencia absoluta entre ambas formas artísticas. Un segmento de dos cuadros luego se apropia del arte iconoclasta de Pablo Picasso. Una «seguiriya» popular potencia lo taurino presente en «Picasso y los toros» y la música de «Mensaje», de Amigo junto a «Mis desvaríos» (flamenco Blues Band), ilustra una danza que se hace eco de los escorzos y de las referencias cubistas del pintor de Málaga en el segmento «Evoluciones».
Entre estas dos instancias, el set «Los pintores y el flamenco» introduce en el arte de la danza gitana de Andalucía a través de algunos de sus «palos» más apreciados como las «Alegrías» y las «Romeras». La danza elegante y de inspiración popular ocupa el cuadro «Sorolla y los colores de España» donde se suceden la danza N° 1, de «La vida breve», de Manuel de Falla, unos «tientos» populares; el «Polo gitano» de Tomás Bretón y el célebre intermedio de «La Boda de Luis Alonso» de Jerónimo Jiménez, completando una visión de la España plástica con la exposición de algunos de sus componentes más significativos. La quincena de bailarinas encabezada por la estupenda Sibila, quien además dirige, tomó la responsabilidad de la ilustración con la minuciosidad y la riqueza teatral que el emprendimiento merecía. El correlato de las luces y el rico vestuario hicieron el resto.
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