26 de junio 2015 - 00:00

Sigue sin verse la salida: ¿quién frena caída griega?

Una postal de la eurozona desde el inicio de la crisis en 2010: manifestaciones contra el ajuste en Atenas. Todo indica que las marchas seguirán su curso ante una economía que no tiene salida fácil.
Una postal de la eurozona desde el inicio de la crisis en 2010: manifestaciones contra el ajuste en Atenas. Todo indica que las marchas seguirán su curso ante una economía que no tiene salida fácil.
Bruselas - La dimensión de la crisis helena lleva a que se hagan comparaciones con la época de la Antigua Grecia. "Las últimas horas fueron críticas, pero tengo una corazonada de que al contrario que en las tragedias de Sófocles, esta historia griega tendrá un final feliz", dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Cierto es que un mensaje de esperanza no puede hacer daño, pero tampoco aporta mucho. Cuando los jefes de Estado y de Gobierno se reunieron ayer para la cumbre ordinaria de dos días en Bruselas la situación era tensa. La tensión era sobre todo visible en el primer ministro griego, Alexis Tsipras, que estuvo todo el miércoles y parte de la madrugada de ayer negociando con los acreedores internacionales para evitar la quiebra que se cierne sobre su país.

La canciller alemana, Angela Merkel, parece relajada, acaba de llegar directamente desde Berlín. Las miradas ayer estaban sobre todo puestas en ambos jefes de Gobierno. El 30 de junio Atenas tiene que pagar cerca de 1.600 millones de euros que no tiene al Fondo Monetario Internacional (FMI). Ese mismo día concluye el programa de ayuda del que todavía quedan por desembolsar 7.200 millones de euros, si se lograra antes un acuerdo.

Entonces es cuando arranca el drama griego: las negociaciones en Bruselas se están desarrollando prácticamente las 24 horas, pero no hay avances. Se reúnen expertos y secretarios de Estado, ministros de Finanzas y luego los jefes de Estado y de Gobierno. "Trabajo duro", es lo que espera el presidente del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem. Un poco más tarde quedaba claro que en la cuarta reunión de los líderes del Eurogrupo en una semana tampoco se llegaba a un acuerdo. Mañana se volverán a reunir, tal vez para realizar un último esfuerzo.

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang SchTMuble, lamentaba ayer que se estuviese más bien retrocediendo en lugar de avanzar. Y también la canciller alemana se quejó. Las instituciones acreedoras (la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacioanal y el Banco Central Europeo) están cerrados ante las reformas de Grecia que consideran insuficientes. En el fondo se sigue tratando de qué recortes y qué subidas de impuestos tendrá que imponer Tsipras a sus conciudadanos para conseguir el objetivo de un claro déficit primario.

En su conjunto, a los acreedores les parece muy pocas las medidas de ahorro del programa de recortes griego. Además, también consideran inaceptable la exigencia de Atenas de cargar la deuda al Mecanismo Europeo de Estabilidad, el fondo de rescate del euro. Este problema de base podría resolverse dejando para más tarde la decisión. En Bruselas, algunos se lamentan de que en estos días difíciles no haya un piloto que pueda fijar el rumbo de la EU en esta crisis griega. Ni siquiera emerge la figura del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, aun cuando el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, lo haya elogiado significativamente como "verdadero agente".

¿Y qué pasa con la canciller alemana? Quiere dejar la responsabilidad en los ministros del ramo. A su llegada a Bruselas para participar en la cumbre dijo: "El Consejo Europeo no se inmiscuirá en esas negociaciones, sino que lo deja en manos de los ministros de Finanzas y sobre todo en las tres instituciones" de los acreedores, el FMI, el BCE y la Comisión Europea. Y así fue como la cumbre de la UE comenzó con el orden del día programado: la crisis de los refugiados y la reformas que piden los británicos. Que vaya a alterarse la agenda parece poco probable a raíz de la evolución de los acontecimientos con Grecia. Lo que no parecía perfilarse en el horizonte es un final feliz para el drama griego.

Agencia DPA

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