2 de diciembre 2009 - 00:00

Sin acuerdo con oposición, Kirchner dinamita Diputados

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
No hubo acuerdo ayer entre oficialismo y oposición para dividirse los cargos en Diputados en la sesión de mañana donde, además de elegir a quienes controlarán el Congreso en los próximos dos años, jurarán los nuevos diputados. El kirchnerismo no está dispuesto a ceder la mayoría en las comisiones que le reclama la oposición como resultado de los números que dejó la elección del 28 de junio y prefirió, si no consigue los votos para imponerse, dejar vacante la elección de cargos. La orden al Congreso desde la residencia de Olivos fue no ceder, pero parte del oficialismo intentaba seguir las negociaciones para evitar una ruptura grave en la sesión. Si ese panorama no cambia hoy, implicará una batalla en el recinto en la sesión de mañana, con el kirchnerismo copando los palcos y galerías para presenciar la jura de Néstor Kirchner y luego precipitando la suspensión de la elección. Será una decisión voto a voto en el recinto, lo que en la realidad bloqueará cualquier elección lógica. Ayer, la oposición se volvió a reunir a último momento reclamando un encuentro conjunto con Eduardo Fellner, presidente de Diputados, que finalmente no se dio. Pero el oficialismo cuenta con una carta clave: si la sesión se cae después de la jura de los diputados, apelarán al artículo 37 del reglamento que establece la continuidad del presidente de la Cámara en el mando hasta que se elija uno nuevo. Es decir, el kirchnerismo puede dejar de elegir autoridades y cerrar Diputados hasta marzo o abril, e igual seguirá manteniendo el control parlamentario y administrativo del cuerpo, siguiendo Fellner al mando.

El jefe de Diputados se había reunido por separado con el radical Oscar Aguad; Adrián Pérez, de la Coalición Cívica; Eduardo Macaluse, del SI; y el peronista disidente Marcelo López Arias. En ningún caso hubo acuerdo para avanzar en la negociación, y todos salieron del despacho con la promesa de que consultaría las propuestas con Olivos. Pero el mensaje de Kirchner nunca fue componedor.

A última hora, todos los jefes de bloques opositores elaboraron una carta que le enviarán hoy a Fellner donde lo hacen responsable por la seguridad de la sesión de mañana y de cada uno de los diputados que asistirán.

Después de decenas de reuniones y consultas durante todo el día, no apareció ayer ningún acuerdo. El bloque oficialista se repartió entre quienes aspiran a lograr un acuerdo en la distribución de las presidencias y la integración de las comisiones que tome en cuenta al kirchnerismo no sólo como primera minoría, sino también como partido de Gobierno. Insisten en que los opositores no pueden reclamar la mayoría en todos esos cuerpos. Consideran que el Congreso se volvería ingobernable para la Casa Rosada. En esa corriente aparecen Agustín Rossi, Patricia Fadel y el propio Fellner. Pero en ningún caso están dispuestos a ceder, tampoco se los permitiría el matrimonio Kirchner, las presidencias ni la mayoría en comisiones clave como Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales o Juicio Político.

El otro grupo del oficialismo representa la ortodoxia kirchnerista extrema. Son quienes recibieron desde la residencia de Olivos la orden de Néstor Kirchner de no ceder ante la oposición. Antes que eso, el ex presidente prefiere avanzar en la advertencia que lanzó hace ya una semana cuando notificó a los opositores que preferiría legislar desde la calle antes de entregar el control de Diputados, en cargos y comisiones, a los bloques opositores. Son los mismos diputados, entre ellos se ubicó también José María Díaz Bancalari, que se alimentan de la teoría de que la oposición quiere dar un golpe institucional en Diputados al pretender quedarse con la vicepresidencia primera del cuerpo (cargo que hasta ahora tenía Patricia Vaca Narvaja) y la mayoría de las comisiones: «Los opositores despiertan fuertes sospechas sobre sus sanos propósitos, dicen que prefieren dominar las comisiones y no ocupar la titularidad de la Cámara baja. Es una mentira plena, ya que la presidencia de Diputados, sin las comisiones, sería un copamiento elegante del Congreso para poner en marcha la máquina de obstruir y de lastimar al Gobierno hasta desgastarlo y voltearlo», dijo Díaz Bancalari.

Otro vocero de esa posición fue Carlos Kunkel que, tras reunirse con Kirchner, amenazó con abandonar toda negociación y dejar librada la sesión al resultado de los números.

En este capítulo, Fellner es protagonista principal. La oposición, en realidad, ya no reclama la presidencia de la Cámara, como en algún momento lanzó el peronismo disidente o el propio Gerardo Morales. De hecho, nadie le niega la renovación de la presidencia a Fellner, pero con la condición de que en la sesión se voten todas las autoridades de la Cámara y de las comisiones. En ese punto, Elisa Carrió fue clara: «El Gobierno debe garantizar el funcionamiento del Congreso hasta diciembre de 2011». No quiere la chaqueña quedar alineada con ningún movimiento del peronismo disidente (en este caso con guiño de Eduardo Duhalde) que comprometa la institucionalidad.

En medio de esas discusiones, apareció Julio Cobos con un discurso curiosamente componedor: «La integración de las comisiones debe ser proporcional en cuanto a la cantidad de los legisladores que están. Obviamente que el oficialismo tiene que retener las comisiones que son propias de la gestión de Gobierno, esto siempre ha sido así y se debe respetar», dijo.

Pero el kirchnerismo sólo aceptará elegir las autoridades si para mañana consigue el número que aún le falta para garantizarse la mayoría en el recinto. El problema es que si lo logra, tampoco respetará ningún acuerdo con la oposición, lo que precipitará también un caos en la sesión.

Por ahora, el oficialismo no tiene demasiados aliados. Ayer se profundizaron las diferencias dentro de la izquierda. Solo Martín Sabbatella, Vilma Ibarra, Ariel Basteiro y Jorge Rivas se mantuvieron al margen del acuerdo de todos los bloques de la oposición para reclamar la mayoría al kirchnerismo. Y de hecho, hasta Sabbatella deberá enfrentar rupturas en su bancada por no alinearse con el reclamo contra los Kirchner.

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