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Sin Balestrini, La Matanza en plena batalla entre K
Alberto Balestrini
Aún postrado, en lentísima recuperación, el vice perdura como una figura presente en ese distrito enorme donde se amontonan más de un 1,8 millón de personas. La eventualidad de un regreso opera como un ansiolítico para moderar las pasiones matanceras.
En otros tiempos ubicuo y todopoderoso, Balestrini todavía se invoca como único e irreemplazable ordenador político. Pero debajo de ese mando simbólico -brotan, periódicamente, versiones sobre su evolución clínica-, bullen tensiones e incertidumbres.
A menor escala, en La Matanza ocurre algo parecido a la intriga centrífuga que, sin Néstor Kirchner, sacude el kirchnerismo.
Por la dimensión del territorio en cuestión, la destreza oficial para evitar fugas y conflictos ásperos adquiere rango de prioritaria. Sin embargo, sin Balestrini, ese proceso asoma turbio y complejo.
La raíz de esa duda se nutre de la fragmentación que sobrevino tras el ACV del vicegobernador. De un lado quedó el sector que comanda el intendente Fernando Espinoza; del otro, los autodefinidos como balestrinistas puros, encabezados por el diputado Luis Cigogna.
No es todo: Guillermo Moreno y Hebe de Bonafini pusieron un pie en ese territorio como sponsors del matarife Ricardo Bruzzese, «Ricky». Desembarcó, también, Miguel Saredi, un peronista chacarero que hace base en el conurbano profundo.
Por otro lado, perdura una tribu disidente vía Juan Carlos Piriz y ronda el mercantil Rubén Ledesma, alguna vez asesor de Kirchner, luego aliado de Francisco de Narváez.
El universo K aporta, además, a Luis DElía -de diálogo con Martín Sabbatella, que tiene un concejal matancero-, y fuera de ese dispositivo aparecen Jorge Ceballos de Libres del Sur, antes socio del moronense, un radicalismo testimonial y otro clan piquetero: la CCC de Juan Carlos Alderete.
Ramas
Balestrini fue, desde siempre, un crítico feroz de las colectoras. En 2007, esa postura derivó en un duro enfrentamiento con Cristina de Kirchner, que intercedió para que autorice una lista K, paralela a la del PJ, con Ceballos como candidato a alcalde.
Balestrini resistió. La charla terminó con la Presidente cortando el teléfono. Libres del Sur se quedó sin su colectora y a los pocos meses el sector que conduce Humberto Tumini abandonó el kirchnerismo.
Pero el punto más alto de fricción se produce dentro del esquema balestrinista: cada tanto, el grupo de Cigogna amaga con romper con Espinoza y renunciar, masivamente, al gabinete municipal. Nunca ocurre. O, al menos, nunca ocurrió hasta ahora luego de esos toreos.
Un factor crítico, en ese vínculo interbalestrinista, es Raúl Magario: exmontonero, sindicado como el Dr. Peñaloza -uno de los enlaces que recibía la renta que daba David Graiver por «hacer trabajar» parte del rescate de los Born-, Magario es funcionario de Espinoza y se lo refiere como su monje negro.
No hubo, todavía, síntesis entre esos bloques como, tampoco, se perfila cómo se ordenará la grilla con el resto de los referentes K: Saredi, que en su momento recibió el OK de Kirchner para caminar el distrito, y Bruzzese, respaldado por Moreno y Bonafini a través de Sergio Schoklender.
La relación del secretario de Comercio con Bruzzese se soldó con la creación del Consejo Argentino de Productores (CAP), comisión creada para evitar intermediación en la cadena agropecuaria, donde el matancero aspirante a intendente fue nombrado vicepresidente.
Moreno arrastra, también, una historia bilateral con Saredi: chocaron en el Mercado Central, luego pacificaron su trato hasta que el dirigente se decidió a «armar» en La Matanza: el secretario parece encaramado en una cruzada personal para impedírselo.
¿Liberará, Cristina, con la lapicera de Carlos Zannini, colectoras en La Matanza? ¿Habilitará una boleta bonafinista antipejotismo?
Con un padrón de más de 800 mil votantes, La Matanza es una galaxia autónoma que puede volcar una elección provincial. Conocedor de ese impacto, De Narváez es uno de los pocos dirigentes que semana a semana, o a lo sumo cada 10 días, llega al distrito.
Ni Duhalde se anima. Aunque «regresó» montado a una cofradía de agrupaciones peronistas matanceras, la vez que convocó un acto tuvo que montar un enorme esquema de seguridad. Es un clásico: ayer, Victoria Donda, de Libres del Sur, denunció que funcionarios municipales estorbaron un acto de Ceballos y Víctor De Gennaro en Laferrere.


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