5 de marzo 2009 - 00:00

‘‘Sin solución para bancos, estímulo fiscal no impacta’’

Pablo Guidotti aseguró que por la falta de credibilidad que acumuló la Argentina «hoy los precios de la deuda están mucho más castigados que lo que deberían estar en base a la realidad económica».
Pablo Guidotti aseguró que por la falta de credibilidad que acumuló la Argentina «hoy los precios de la deuda están mucho más castigados que lo que deberían estar en base a la realidad económica».
Recién arribado de Bruselas, donde participó de una conferencia de la Comisión Europea organizada por el Center for Economic Policies Research, el economista Pablo Guidotti habló con Ámbito Financiero sobre la crisis internacional. «Los gobiernos han puesto mucho énfasis en los estímulos fiscales. Pero mi impresión es que en la medida en que no resuelvan la incertidumbre con respecto a los sistemas financieros, esos estímulos no van a resultar efectivos», advirtió.
También Guidotti, hoy a cargo de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, se mostró sorprendido «por la contracción en el comercio internacional: la caída de volúmenes comerciados a nivel global es del 40% o más», explicó.
No podía estar ausente en la entrevista lo que acontece en la plaza doméstica: «La Argentina sufre de falta de credibilidad acumulada a lo largo de varios años; esa debilidad y ese poco apego a las leyes y a las relaciones internacionales hacen que hoy los precios de la deuda estén mucho más castigados que lo que deberían estar sobre la base de la realidad económica».
Periodista: ¿Cómo cree que evolucionará la crisis internacional?
Pablo Guidotti: Este tipo de crisis financiera tiene la característica de que al ser virulenta, cuando uno está en la parte descendente parece imposible que se dé vuelta. Pero cuando el mercado y las revaluaciones de los precios de los activos se ponen en marcha se empieza a revertir la situación. Sin embargo, hay algunos puntos preocupantes y que no fueron vistos. La crisis se origina como financiera; entonces incluye todo lo que tiene que ver con el funcionamiento de los mercados de capitales, los mercados interbancarios, etc.. Lo sorprendente es la contracción en el comercio internacional. La caída de volúmenes comerciados a nivel global está en el 40% o más. Eso lleva a pensar en los canales reales, en cómo se transmite la crisis global. Habíamos dejado de pensar en esos temas porque todo se enfocaba en los canales financieros, que parecían ser los más preocupantes. Ahora vemos que el comercio está colapsando, que la actividad económica cae mucho más de lo que se anticipaba.
P.: ¿Europa está hoy en peor situación que EE.UU.?
P.G.: La situación es similar, pero en Europa hay dos complicaciones. Una son los problemas en el Este, países que habían crecido mucho por la cercanía con el Primer Mundo y con la zona del euro, y que ahora están descubriendo fragilidades en los sistemas financieros. Al mismo tiempo, hay una prueba muy fuerte para la Unión Europea, porque todavía no tienen instituciones probadas en la resolución de problemas. No tienen ni experiencia ni canales para repartir las responsabilidades institucionales de la quiebra de un banco con operaciones internacionales.
P.: Entonces, ¿qué tienen en común?
P.G.: La intensidad de la crisis y de la recesión es muy fuerte a ambos lados del Atlántico. Los gobiernos han puesto mucho énfasis en los estímulos fiscales, como una forma de suavizar los efectos de la crisis. Mi impresión es que en la medida en que no resuelvan la incertidumbre con respecto a los sistemas financieros, estos estímulos no van a resultar efectivos. Mientras los bancos centrales han sido relativamente exitosos en cuanto a destrabar los mercados de capitales de corto plazo, la política fiscal no está siendo exitosa. Solamente cuando veamos cómo se maneja el tema bancario -cosa que se empieza a ver- es cuando la confianza se va a empezar a restablecer. Pero hay grandes problemas para implementar salvatajes bancarios porque también muchas de estas instituciones grandes son internacionales. Es todo un terreno nuevo.
P.: Hay quienes creen que el sistema financiero en EE.UU. estaba totalmente en rojo. ¿Coincide con esa visión?
P.G.: Si hay una crisis sistémica, los valores de los activos están tan distorsionados que es muy fácil llegar a la conclusión de que el banco tiene capitales negativos. En la Argentina, por ejemplo, después de la crisis de 2001 los bancos funcionaron bastante tiempo con capital negativo. Pero el capital es importante en cuanto al comportamiento del management. Cuando un banco está en rojo, el peligro es que el management empiece a tomar riesgos excesivos para salvarse. Empieza a apostar con el dinero de los clientes. Ahí comienza a ser crucial la calidad de los gobiernos, de las instituciones financieras. Pero supongamos que un banco norteamericano con operaciones en todo el mundo tiene pérdidas y se capitaliza en EE.UU. Básicamente, el Gobierno de ese país asume las pérdidas de las operaciones trasnacionales cuando tiene que haber cierta coordinación en cómo se distribuyen estos salvatajes.
P.: Vivió el tequila desde el Banco Central y la crisis del sudeste asiático en el Ministerio de Economía. ¿Qué similitudes hay con la crisis actual?
P.G.: Cuando empiezan a caerse los mercados de corto plazo, el comportamiento del sistema es muy similar, como el de los bancos y las dificultades que tienen los bancos centrales en inyectar liquidez. Hay muchas lecciones importantes para los países desarrollados. La diferencia es que la crisis del tequila fue una crisis de salida de depósitos. En los países avanzados existe confianza en la garantía de depósitos, entonces son crisis que no vienen por ese lado, sino de otros depósitos y pasivos que están relacionados con instituciones no bancarias. También la gran diferencia es que acá hay muchas instituciones que tienen una dimensión internacional.
P.: ¿Era imaginable que en medio de la crisis, el dólar se mantuviera como moneda de reserva?
P.G.: Sí. Una de las cosas que muestra esta crisis es que la economía norteamericana, a pesar de los problemas comerciales, mantiene una credibilidad muy fuerte. Tanto es así que la deuda del Tesoro norteamericano aumentó mucho de precio. O sea que la fuga hacia la calidad se dio a los bonos del Tesoro. El papel dominante del dólar como activo seguro o como unidad de cuenta se da también porque no hay ninguna otra moneda que pueda cumplir ese rol. Si se toma en cuenta la rapidez con la que se reconocen los problemas y se toman acciones, EE.UU. e Inglaterra están a la cabeza de los más veloces. Después vienen los europeos, que tratan de tapar un poco las cosas y Japón, que tiene una larga historia en no reconocer problemas.
P.: ¿Hay alguna posibilidad de default de un país europeo?
P.G.: Están en riesgo algunos países chicos que tienen problemas, como Grecia. Hay todo un debate sobre qué pasa si no supera los problemas para hacer el pago de la deuda. Es interesante porque las leyes en Europa prohíben un rescate y también prohíben que ese país abandone la zona euro. En el caso de las crisis de países emergentes, como la Argentina, normalmente una de las salidas implica devaluar la moneda, que empieza a reactivar ciertos sectores. Pero Grecia no podría salir de la zona del euro.
P.: ¿Cómo evalúa la situación fiscal en la Argentina?
P.G.: La Argentina sufre de falta de credibilidad acumulada a lo largo de varios años. Esa debilidad y ese poco apego a las leyes y a las relaciones internacionales hacen que hoy los precios de la deuda estén mucho más castigados de lo que deberían estar sobre la base de la realidad económica. Este es un país que tiene bajo riesgo de default en el corto plazo. Creo que el Gobierno en este momento ve al default como algo muy negativo desde el punto de vista político, mientras que no fue así en 2001, cuando básicamente la clase política pensó que era una buena idea. A pesar de saber que va a haber problemas fiscales por la caída de la recaudación o la caída de la actividad económica, el Estado tiene formas de mejorar su posición fiscal. En parte, reduciendo subsidios y aumentando tarifas. Hay un espacio equivalente al 1% del PBI que el Estado puede lograr si devalúa la moneda.
P.: ¿Es posible pensar en importar a la Argentina los estímulos fiscales que se dan en otros países?
P.G.: Es preocupante que se crea que como en Europa se lanzan estímulos fiscales acá también se les vaya la mano, pensando que la política fiscal es un instrumento tremendamente poderoso para impedir la recesión. La Argentina va a entrar en recesión, como muchos otros países, y la alternativa tiene que estar asociada con la confianza en la estructura económica. Uno de los problemas que tiene la Argentina es que no hay una visión del mediano plazo. Todo el manejo de la economía se ha transformado en un manejo de corto plazo, y eso a la larga va a limitar cualquier impacto de una política fiscal expansiva.

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