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Sin tregua: los K prefieren un PJ sin el camionero
Carlos Zannini, Antonio Caló, Florencio Randazzo
Explícito, el ministro evitó los eufemismos y dinamitó, guiado por el libreto que le susurraron desde Olivos, la alternativa de una pacificación entre la Casa Rosada y el jefe camionero que, para escapar de una encerrona, sugirió el gobernador de Buenos Aires.
Aquella tregua, modesta, duró un pestañeo. Y, aunque las secuencias son antojadizas, el primer balazo lo disparó el moyanismo al montar ayer varios bloqueos en Capital Federal en protesta a la represión policial contra camioneros en Chubut 10 días atrás.
Esos piquetes de Pablo Moyano, y el alarde de que movilizará 30 mil camioneros a Plaza de Mayo el viernes próximo, fueron el peor aporte que el moyanismo pudo hacerle a la frágil intermediación sciolista que le ofrecía, al jefe de la CGT, un atajo.
En rigor, no sólo Randazzo desarticuló la maniobra de Scioli para evitar que Moyano quede a la deriva. Carlos Tomada, notificado de los cortes de los camioneros, interpretó como un «apriete» esas acciones y las tradujo como un mensaje intimidatorio por el regreso de Cristina a la presidencia tras su operación.
El kirchnerismo es pródigo en las dobles decodificaciones. Randazzo, escoltado por José Luis Gioja, se permitió ayer interpretar el sentido de los renunciamientos. «Yo soy de los que piensan -dijo- que cuando uno presenta la renuncia a un lugar es para irse y no para quedarse».
El modelo se aplica, en el planeta K, sólo para Moyano: es la forma visceral de avisarle al jefe de la CGT que ya no figura en el lote de bendecidos de Cristina. Si hasta ahora se lo daban a entender con cerrazones, gambetas y equívocos, ayer se lo explicaron como con un cuadro sinóptico: la Presidente quiere a Moyano lejos del PJ.
El sistema de la renuncia y el operativo clamor es tan viejo como la política. Moyano planeó, dicen que inducido por Ricardo Cirielli, esa algarada sin calibrar su impacto ni sus consecuencias. Más tarde rastreó, sin éxito, una foto junto a Scioli.
El argumento de Randazzo es refutado por la historia reciente. Luego de perder el 28-J ante Francisco de Narváez, Kirchner se despidió del PJ: queda, como registro, un video -una imagen desteñida, casi clandestina- que lo muestra junto a Scioli y Alberto Balestrini, asumiéndose el padre de la derrota.
Unos meses después, reunida en La Plata, la cúpula partidaria rechazó la dimisión. Moyano creyó, ingenuamente, que su pataleta generaría algún tipo de empatía, pero ocurrió lo contrario: la mayoría la celebró; otros la creyeron una provocación.
El peronismo -ningún partido- es solidario en la derrota y el aislamiento. Y el camionero quedó prisionero de su relato sectorial desafiante del mando único y centrífugo que ejecuta, en la zigzagueante construcción de su liderazgo, Cristina de Kirchner.
Scioli, a su vez, elucubró la invitación para que el camionero repiense su renuncia con un único objetivo: encontrar un punto de equilibrio entre sentarse con un opositor en potencia de Cristina como Moyano o desahuciarlo y someterse a sus eventuales reproches y acciones beligerantes.
El lunes habló con Moyano y acordó, como contó este diario, una cita para su regreso de Francia: ayer, en el compost de los piquetes de Pablito, el «apriete» denunciado por Tomada y la negativa de Randazzo a que Moyano dé marcha atrás, ese encuentro es ciencia ficción.
Apenas cinco meses separan los episodios de ayer de la elección del próximo jefe de la CGT. Más que una reforma estatutaria improbable, Moyano comenzó a proyectar el renacer de la MTA como bloque autónomo, purista, con el sello simbólico de la CGT de los Argentinos.
Y en la Casa Rosada, por ese circuito que conduce a Carlos Zannini y que en este caso transita Carlos Kunkel, aciertan a alinearse los planetas para que Antonio Caló, jefe de la UOM, sea entronizado, con cuatro años de delay -Kirchner lo propuso en 2008- en la CGT.
Hace dos semanas, Julio De Vido recibió a Caló en su despacho. Se vio, luego de largo tiempo, una instantánea del ministro de Planificación en su despacho, reclinado, en charla cordial, con el metalúrgico ceniciento. Ese álbum sumó anteayer otra postal: Paolo Rocca y Luis Betnaza, huéspedes en la misma oficina.
Techint y la UOM son piezas -por, entre otras razones, necesidad- de un mismo engranaje. La pacificación entre el holding y la Casa Rosada que comenzó a fines del año pasado -De Vido fue, luego de faltar cinco años, a la cumbre de pymes satélites del grupo- terminó de desmalezar la bendición de Caló.


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