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Siqueiros espera a la Presidente
Las fotografías expuestas relatan una historia que cuesta creer, muestran el mural en su verdadero esplendor a través de las imágenes de época de Annemarie Heinrich. Luego de casi media centuria, la inmobiliaria que vendió la quinta a principios de la década de los 90, le encargó a Pedro Roth una serie de fotografías de la obra, donde se advierte la erosión de la humedad y las manchas de salitre. Roth aporta un dato sorprendente: la quinta de Botana, con sus mármoles y sus fuentes sevillanas y con el mural incluido, se ofrecía por 60.000 dólares. (Hoy, el gobierno depositó 12 millones de dólares en la Justicia como pago por la reciente expropiación).
En 1991, cuando Aldo Sessa tomó sus fotografías, faltaban apenas unos días para que cortaran el mural y lo confinaran en cuatro containes para llevarlo de gira por el mundo. El proyecto fracasó y los participantes de la mesa redonda que se presentó en la Sala de Arte Público, relataron las peripecias que se sucedieron desde esa fecha.
En el Museo que ostenta el rostro de Siqueiros, Tayana Pimentel, directora de la institución que fue la casa del muralista, destacó el valor estético de la obra. El agregado Cultural de la Cancillería de México, Miguel Díaz Reynoso, relató el modo en que los gobiernos de ambos países diseñaron las estrategias para restaurarla. Finalmente, la embajadora Magdalena Faillace narró la trama de esa gestión, en la que un litigio se confabulaba para impedir que llegara a buen puerto.
* Enviada Especial


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