25 de octubre 2013 - 00:00

Sobre heridas que no cierran nunca

Alejandra Darín vuelve a brindar una interpretación tan sobria como emotiva en “Tierra del fuego”, un drama sobre el intento de comprensión entre israelíes y palestinos.
Alejandra Darín vuelve a brindar una interpretación tan sobria como emotiva en “Tierra del fuego”, un drama sobre el intento de comprensión entre israelíes y palestinos.
"Tierra del fuego" de M. Diament. Int.: A. Darín, R. Merkin, P. Monje y otros. Dir.: D. Marcove. Esc.: T. Egurza. Vest.: D.Taiana. (El Tinglado Teatro).

Basada en un hecho real, esta pieza del escritor y periodista Mario Diament (residente en Estados Unidos desde varias décadas) expone con lucidez y espíritu pacifista la eterna disputa entre israelíes y palestinos, dos pueblos enceguecidos por el odio y sujetos a oscuros mandatos ancestrales. "Tierra del Fuego" narra la historia de Yael (su verdadero nombre, Yulie Cohen), una ex azafata israelí, que sobrevivió a un atentado del Frente Popular para la Liberación de Palestina ocurrido en Londres, en 1978- en el que murió su mejor amiga y colega. Veintidós años más tarde, Yael decide visitar a Hassan, uno de los atacantes palestinos condenado a cadena perpetua en una cárcel de Inglaterra.

Este encuentro permitirá conocer las razones de ambas partes. Dicho en pocas palabras: la división de territorios sería una vergonzosa capitulación para unos, y un simple acto de justicia para sus adversarios. No hay una sola línea a favor del terrorismo, dado que este joven palestino -criado en un campo de refugiados- es un arrepentido. Pero al menos es posible entender qué lo llevó a formar parte de un comando extremista.

El diálogo entre la israelí y el palestino va ganando complejidad e intriga con los testimonios de la madre de la azafata muerta, el padre de Yael, el marido y el abogado de Hassan. Dichas figuras aportan nuevas facetas (y no pocos obstáculos) a la noble militancia de la protagonista.

El autor, por su parte, deja abiertas dudas atendibles sobre una posible pacificación de la zona. No obstante, el generoso acto de Yael, su valiente decisión de romper ese círculo vicioso de violencia sin fin ("Hicimos las paces con Alemania ¿y no somos capaces de arreglarnos con los palestinos?"), conmueve al espectador y lo alienta, como ciudadano, a no denostar al adversario político y a privilegiar el diálogo como condición sine qua non para una convivencia pacífica y democrática.

Tras su destacada labor en "Un informe sobre la banalidad del amor" (también de Diament), Alejandra Darín vuelve a brindar una interpretación tan sobria como emotiva, acompañada por un elenco con sólidos recursos.

La puesta de Daniel Marcove valoriza cada testimonio sin agobiar al público. En su mayoría, están cargados de dolor y ofuscación, por eso mismo invitan al debate.

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