19 de agosto 2011 - 00:00

Sobre la dificultad de construir afectos

El director Oscar Barney Finn depuró con mano experta «Las heridas del viento» de clichés y sentimentalismos, y los talentosos Paulo Brunetti y Luis Gnecco generan una plácida complicidad con la platea.
El director Oscar Barney Finn depuró con mano experta «Las heridas del viento» de clichés y sentimentalismos, y los talentosos Paulo Brunetti y Luis Gnecco generan una plácida complicidad con la platea.
«Las heridas del viento» de J.C.Rubio. Int.: L.Gnecco, P.Brunetti. Esc., Ilum. y Dir.: O.Barney Finn. (Sala: BAC, Suipacha 1333, hasta el 20 de agosto).

La muerte de un padre, haya sido llorado o no por sus hijos, marca un antes y un después en la vida de cualquier ser humano y hasta lo obliga a revisar su propia existencia. Es el caso de David (Paulo Brunetti), un joven arquitecto algo mujeriego y emocionalmente inmaduro, que en pleno duelo se obsesiona en revisar el legado paterno con el fin de encontrar una clave que le permita comprender a aquella figura distante y severa de la que guarda muy pocos recuerdos gratos.

Un misterioso cofre oficia de caja de Pandora, ya que allí se esconden varias cartas de amor firmadas por un tal Juan. Apenas repuesto de su sorpresa, David logra contactar al supuesto amante de su padre, quien lo recibe con calidez y grandes dosis de ironía. Juan (rol a cargo del talentoso actor chileno Luis Gnecco) es un homosexual declarado, de notable ingenio y sensibilidad, que aunque ha sobrevivido a épocas de dura persecución aún no logró resolver su vida amorosa.

A lo largo de varios encuentros irán saliendo a la luz las carencias y pesares de estos dos solitarios. El enigma paterno nunca será resuelto (ésa es la enseñanza que deberá capitalizar David). Casi sobre el final se revelará una extraña maniobra del difunto abogado que pondrá aún más de manifiesto la complejidad de las relaciones humanas.

Brunetti (de destacada actuación en «La gata sobre el tejado de zinc caliente» de Tennessee Williams, aquí y en Chile) y Gnecco estrenaron «Las heridas del viento» en Santiago y ambos asumen sus roles con notable convicción.

La relación entre David y Juan crece en un vaivén de estocadas verbales, confesiones mutuas y recuerdos dolorosos, administrados con mano experta por el director Oscar Barney Finn, quien depuró a la pieza de ciertos clichés y sentimentalismos. Su autor, el guionista y dramaturgo español Juan Carlos Rubio creó dos tipos psicológicos muy reconocibles -uno tiernamente melancólico, el otro extrovertido y burlón- que se influyen mutuamente. Este último tiene a su cargo las intervenciones más ingeniosas, destinadas a aliviar el duelo de David con gratificantes notas de humor.

Contra lo que podría suponerse, la obra no se ocupa puntualmente de la condición homosexual; su tema central es la construcción de los afectos, con todas las dificultades que esto implica: fantasías paralizantes, idealización de las figuras parentales, victimización, etcétera.

El tono intimista de «Las heridas del viento» genera una plácida complicidad con los actores y esto es posible gracias a la naturalidad con que ambos se relacionan entre sí o cuando, a su turno, se dirigen a la platea.

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