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Socio distante o prescindente, la apuesta K sobre De la Sota
Cristina de Kirchner
Ese plan, que debe todavía superar el filtro legal, ganará consistencia o empezará a diluirse luego de la primaria del domingo en función del caudal de votos que logre cada tira. Es una de las claves para entender cómo se construirá la convivencia futura.
El otro elemento es mundano: la necesidad de obras públicas y, sobre todo, de financiamiento para cubrir el déficit de la caja previsional. En un giro simbólico, el precio de la equidistancia de De la Sota puede redondearse en algo así como 2.000 millones de pesos por año.
Salmos repetidos
Sobre esa hipótesis, la Casa Rosada imagina al ganador del último domingo como una figura prescindente en la carrera de octubre o, en el mejor de los casos, como un socio distante. En estos días colectará señales. La más clara: si se verá o no con Eduardo Duhalde.
Ayer, por radio, a horas de la elección, «el Gallego» repitió los salmos de la noche del triunfo: el atajo del cordobesismo como expresión de un comportamiento que tenga, como eje, sus decisiones en función de lo que más le convenga a la provincia. Un eufemismo.
En rigor, los K asumen a De la Sota como un potencial enemigo. Lo incluye en el mismo paquete junto a Juan Manuel Urtubey, figuras que supone ideológica y metodológicamente más próximas al macrismo que al kirchnerismo. «Un reutemanismo más osado», ironizó ayer un operador K.
Pero en la construcción de un universo a su medida, interpretan la irrupción del cordobés, con un relato localista y un triunfo holgado, como otro alfil en el tablero para pulsear con otros aspirantes a la presidencia, desde el peronismo, en 2015.
Lectura
En ese contexto, suponen que la multiplicidad de candidatos a la sucesión de Cristina de Kirchner podría potenciar el valor de la palabra de la Presidente para designar a su sucesor. Leen, entonces, que a pesar de los gestos amigables, Daniel Scioli se ve perjudicado por la victoria delasotista.
El mismo soporte argumental agitaron sectores K para explicar que el bonaerense celebró que Jorge Capitanich, gobernador del Chaco, finalmente no sea seleccionado por Cristina de Kirchner como su candidato a vicepresidente. Eso, se sostuvo, hubiese puesto al chaqueño en la pole position para la sucesión de 2015 que pretende, como otros, Scioli.
Antes y después de la elección, el bonaerense respaldó la postulación de De la Sota -aun en medio del silencio de la Casa Rosada- y luego habló de una interacción entre las dos provincias. Lo que en sectores del PJ se lee como un posible pacto para despegar de los K; el Gobierno lo traduce como una tregua forzada entre futuros rivales.
Líbero, con un perfil de campaña propio, Scioli se puso ayer el traje de De la Sota para defender la teoría de no confrontación que usó el ganador. Es, dice con razón el bonaerense, el mismo tono que él usó en otros tiempos, aun en medio de la crisis con el campo, lo que le valió quejas y reproches de Olivos.
Hay otra interpretación: el acercamiento del bonaerense a De la Sota lo establece como eventual enlace de la Casa Rosada con los gobernadores más díscolos. Desvelos prematuros.


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