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Sólo para admirar las vistas de Sorrento
Sophia Loren (en la foto junto a F. Murray Abraham) hizo cosas mucho mejores bajo la dirección de Lina Wertmüller que la comedia «Demasiado amor», estrenada ayer en DVD.
La directora Lina Wertmüller hizo cosas mejores. Sophia Loren hizo cosas mejores. Las dos juntas hicieron cosas mejores. Pero Sorrento sigue siendo tan linda en verano, sobre todo vista desde una casona en la colina frente al mar, o de noche en la playa frente a una luna que «parece una pizza gigante», según poética visión de un personaje, que resulta harto comprensible juntarse de nuevo para hacer una comedia prescindible, es cierto, pero también justificable.
Vale decir, artistas y técnicos lo habrán pasado muy bien durante el rodaje, y el público después se entretiene mirando esos lugares, el interior de la casona aunque esté medio arruinada después de un terremoto, el cobertizo de los juguetes de infancia, gente que se reúne a mangiare al aire libre berenjenas a la parmesana, salami, morrones rellenos (la nonna se come seis y sigue lo más pancha), gente que discute con enormes aspavientos y después todo se resuelve con facilidad, y, en especial, la belleza de Sophia Loren: 71 años al momento del rodaje, y todavía luce la vitalidad y prestancia de cuando se llamaba Sofia. Junto a ella hay unas chicas atendibles, prometedoras, incluso una rubiona que hace de hija suya, pero es como una versión diluida. Igual es atendible.
En cuanto a la comedia propiamente dicha, bueno, en fin, sinceramente no es muy atendible. Pero se pasa el rato. Un matrimonio de tana con americano italianizado dedicado a la pesca, que discuten, se celan mutuamente, y al final se reconcilian (el título original puede traducirse como «Los morrones rellenos y los pescados a la cara», pero esto último no pasa de ser una típica amenaza conyugal). La hija embarazada, todavía no sabe de cuál de sus novios. Los hijos varones, con mujeres fastidiosas y, en un caso, una admiradora fastidiosa pero apetecible. Tres nietos, un lejano galán que viene a recordar lindos tiempos al pie de la ventana (un personaje digno de Mijalkov o Depardieu), el «Maria, Mari» que canta Armando Pugliesi, «Gitanes» canturreado por la Loren (no es su fuerte), también unos lindos autos descapotables. Digamos que con menos de eso algunas compañías de teatro hacen intolerables rascadas en Mar del Plata todos los veranos, pero ésta puede tolerarse. Haga lo que haga, la cabeza de compañía sigue siendo una estrella.


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