- ámbito
- Edición Impresa
Sólo mira (no pisa aún) el pedal del freno
Aceleración
La inflación minorista se acelera. En julio, la lectura interanual superó la meta oficial del 3%. En octubre, alcanzó el 4,4%. Y en noviembre, el 5,1%. Si bien el objetivo de inflación se elevó al 4% para el año próximo, el encuadramiento no será sencillo. La expansión de las variables monetarias, en contraste con lo que se afirma de los EE.UU. sin asidero, es notable. La definición más amplia de dinero en boga, el M2, creció más del 50% desde 2008. En China no hubo contracción del crédito. Todo lo contrario. Aún así, y aun recordando lo tortuoso que resultó siempre revertir allí los exabruptos de la inflación, el problema chino tiene aristas que lo relativizan. Sobresale el cambio de precios relativos. La «inflación» de alimentos explica dos terceras partes del salto del índice. Esos precios treparon el 11,7% en los doce meses a noviembre último. Los demás renglones, sólo el 1,9%. Si se quita el influjo del alojamiento, la inflación «base» es de apenas el 0,8%. Entiéndase bien: la expansión monetaria y crediticia ha sido generosa, pero los factores que movilizan la tasa general de inflación se vinculan a la irrupción de shocks de oferta internos -que limitaron la disponibilidad de alimentos frescos- y al encarecimiento de los precios internacionales de ciertos alimentos. No es casual, pues, que las verduras lideren la suba con un salto de precios de más del 30%. Y que rubros como el maíz y los porotos de soja -que no están sujetos al celo de los precios oficiales como el arroz y el trigo- también contribuyan sensiblemente. La liquidez, que podría haber aceitado los mecanismos de transmisión, irradiando presiones inflacionarias hacia un espectro amplio de productos y servicios, no cumplió (todavía) ese rol. Quien rastree sus huellas las encontrará en otro terreno: los mercados de activos. En su momento, su abundancia fue el combustible del boom bursátil (que hizo máximos en agosto de 2009 y luego protagonizó dos sucesivos mercados bajistas). Y fogonea la fiebre inmobiliaria que quita el sueño a las autoridades.
¿Qué tan efectiva es la suba de tasas de interés en una economía mixta como China, que ha montado su estrategia de desarrollo sobre la represión financiera -la vigencia de tasas de interés reales persistentemente negativas- y donde coexisten un mercado de ahorro y crédito que alimentan los bancos y un sistema informal que trata de eludir la erosión patrimonial? Si la pregunta es buena, una adecuada respuesta sería aún mejor. China no es la economía típica. La inflación es el 5,1%; la nueva tasa de interés de referencia contempla una retribución del 2,75% para los depósitos en el banco central. Los analistas esperan otros ajustes: por lo menos tres -de igual magnitud- antes de que termine junio. Pero la inflación difícilmente se estabilice sin tocar primero el 6%. La brecha real apenas se recortaría. Más aún, el grueso de los ahorros líquidos de la población se coloca en depósitos bancarios. Su desvalorización es una transferencia sistemática de recursos reales que -a la manera de un impuesto no legislado- reduce la capacidad de consumo de las familias y subsidia la inversión. Si las tasas de interés suben, la renta de los consumidores tenderá a elevarse y no está claro que así se retraiga la demanda agregada. No hay dudas, en el caso chino, que la herramienta más poderosa para aplacar los bríos del gasto no es la suba de tasas sino la manipulación de las cuotas de nuevos préstamos que se le autorizan a la banca. Donde el retoque de tasas sí puede resultar eficaz es en los mercados no bancarios, si desalienta la fuga de recursos hacia dichos circuitos. Eso sí, el blanco ya no sería la inflación, sino la efervescencia de los bienes raíces.
¿Mala nueva para el optimismo de los inversores? Una buena excusa para desinflar euforias antes que broten. ¿Mala noticia para las materias primas? Aquí, la bonanza ya sentó reales y, por lo menos, lo que no sea alimentación debería tomar nota. Pero es temprano para los dramatismos. China recurrirá a todos los dispositivos del tablero de comandos. Incluyendo la apreciación del yuan en el margen (ya se valorizó el 2,85% frente al dólar desde que en junio se reasumió la flotación sucia). Quizás provea un baldazo de agua impensado y enfríe los ánimos. Pero China, a diferencia de Europa, controla sus variables críticas. Y cuando aplica el rigor, sabe administrar la dosis con prudencia oriental.


Dejá tu comentario