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Sonrisas y lágrimas
Era el fin de un juicio de tres años y de tres lustros de trajín tribunalicio y mediático. Desde las 16.30, hora prevista para la lectura del veredicto, la sala AMIA de los tribunales federales se había llenado de rostros conocidos de la década del 90, que en su mayoría costaba identificar en la actualidad. A diferencia de otros acusados, Menem prefirió eludir el cerco periodístico y se retiró sin hablar.
Yoma, en cambio, fue el primero en afrontar las preguntas. Y además tuvo un breve cruce con Ricardo Monner Sans y con uno de los periodistas que habían cubierto el caso, que no pasó del intercambio de algunas palabras agrias.
La absolución de todos sorprendió incluso a los abogados de los propios imputados, que presupuestaban al menos condenas para los encargados operativos de la comercialización del material bélico.
Entre los acusadores, el panorama fue el inverso. El fiscal general Mariano Borinsky, ascendido esta semana a camarista de Casación, se mostró demolido por el fallo. «Estoy conmocionado. Acusé a 18 personas que terminaron absueltas», admitió Borinsky, que había pedido una pena de ocho años de prisión para Menem.
En igual sentido, el abogado Carlos Lobos Oroño, al frente del equipo jurídico de la Aduana, consideró «inexplicable» el fallo por entender que «quiere decir que no existieron las 6.500 toneladas de armas» enviadas a Croacia y a Ecuador. El letrado había pedido una condena de cinco años para el expresidente.
La expectativa de los querellantes quedó cifrada en la lectura de los fundamentos, el 7 de noviembre, y en particular de la posición del juez Gustavo Losada, que votó en disidencia respecto de sus colegas Luis Imas (presidente del tribunal) y Horacio Artave.
Los querellantes coincidieron en manifestarse indignados y recordaron que Luis Sarlenga, exinterventor de Fabricaciones Militares, llegó a confesar durante la instrucción del sumario que había existido un contrabando. Sarlenga resultó también absuelto ayer.


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