22 de abril 2016 - 00:00

Sorprende el crecimiento de un apologista de la tortura

El diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, al votar el domingo por el juicio político a Dilma Rousseff. Dijo, mencionando a un militar ampliamente acusado de torturas: “Por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Dilma Rousseff, ¡mi voto es sí!”.
El diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, al votar el domingo por el juicio político a Dilma Rousseff. Dijo, mencionando a un militar ampliamente acusado de torturas: “Por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Dilma Rousseff, ¡mi voto es sí!”.
 Río de Janeiro - La creciente popularidad de Jair Bolsonaro, un diputado que ensalza a un torturador y a la dictadura militar (1964-1985), ilustra el peligro de los pescadores en aguas revueltas de la caótica situación política en Brasil.

Ocurrió el domingo, ante millones de telespectadores, durante la tumultuosa votación de la Cámara de Diputados que aprobó el proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff, ratificado por una amplia mayoría.

La izquierda "perdió en 1964 y perdió ahora, en 2016", lanzó Bolsonaro antes de dedicar su voto: "Por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Dilma Rousseff. Por las Fuerzas Armadas, ¡mi voto es sí!" al juicio político, dijo.

El mensaje era deliberadamente impactante: Ustra, fallecido en 2015, fue el temido jefe de la policía política de la dictadura, responsable de 70 muertes o desapariciones de opositores y ampliamente sospechoso de centenares más. Pero para Rousseff, en particular, era un cruel insulto: joven guerrillera marxista en los años 1970, fue presa y torturada por el régimen militar.

Sin nombrarlo directamente, la Presidenta dijo el martes que consideraba "lamentable ver a alguien votar rindiendo homenaje al mayor torturador de Brasil".

La retórica ultraderechista de Bolsonaro ha desatado encendidas reacciones en las redes sociales. Una petición reclama acciones legales en su contra por "apología de la tortura".

La estridente declaración de Bolsonaro se produce en un país con una situación política de suma volatilidad: la mandataria denuncia un "golpe de Estado" institucional, el hombre que puede sustituirla en breve, su vicepresidente Michel Temer, es igual de impopular, y el 60% de los miembros del Congreso están en la mira de la Justicia por corrupción.

La mayoría de los brasileños dio la espalda a los días de la dictadura militar hace mucho tiempo y una mayoría votó cuatro veces seguidas al Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), llevando al poder a Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y luego a su sucesora Dilma Rousseff.

Gran parte de los ciudadanos tampoco aprobó los insultos sexistas de Bolsonaro (61 años) contra la diputada del PT Maria do Rosario. Si en 2003 la llamó "puta" a gritos, el año pasado repitió la vejación al chillarle en la propia Cámara: "No te violaría porque no te lo merecés". También dijo que prefería que su hijo muriera en un accidente antes de que fuera homosexual.

Pese a ello, a un sorprendente número de brasileños le debió gustar lo que oyeron, a la vista de los 2,8 millones de amigos que tiene en Facebook. Este militar en retiro fue reelegido por Río de Janeiro en las elecciones de 2014 con 464.000 votos, más que cualquier otro diputado del estado.

Hay analistas que discuten ahora si Bolsonaro podría convertir este momento de caos en una eventual campaña presidencial como "un Donald Trump brasileño", que apela con declaraciones escandalosas al resentimiento de los electores.

Un sondeo de Datafolha del 10 de abril le atribuyó un 8% de las intenciones de voto para las presidenciales de 2018, dos veces más que en diciembre. La marca lo colocó en la cuarta posición, pero muy por delante del 2% de Temer.

"Después de todo lo que hemos visto en los últimos meses, nadie puede garantizar que no se haga grande", valoró Sylvio Costa, fundador de la web política Congresso em Foco, que añadió: "Espero que no, porque es todavía más peligroso que Trump".

Agencia AFP

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