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Sospecha: ¿la salida de Mubarak fue un cambio para que nada cambie?
Mohamed Husein Tantaui, jefe militar máximo de Egipto, fue el poder detrás del trono de Hosni Mubarak y hoy retiene las riendas del país. La ira de buena parte de la población, deseosa de democracia, se concentra ahora en él.
Hay quienes llevan en moto a los heridos hasta los médicos más cercanos, después de que la Policía y el Ejército destruyeron un hospital de campaña erigido por los manifestantes. Y otros hablan a través de sus teléfonos celulares, bien para contar lo que está ocurriendo en Tahrir o para informarse sobre el desarrollo de otras protestas y acontecimientos políticos en el resto del país.
«Parece que estamos de vuelta en enero», gritaba un manifestante a través del teléfono mientras se cubría la boca y la nariz con una mascarilla empapada en vinagre para contrarrestar los efectos del gas lacrimógeno.
Realmente no hay mucha diferencia entre las actuales escenas de Tahrir y las de enero pasado, durante la revuelta popular que derrocó a Hosni Mubarak. Las tiendas de campaña ya están instaladas en la plaza, entre el olor a gas lacrimógeno, vinagre y cebollas.
El único cambio tangible para los manifestantes que volvieron a la plaza es que Mubarak ya no está y fue reemplazado por el mariscal de campo Husein Tantaui, presidente del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, que actualmente gobierna el país.
«El pueblo quiere derrocar al mariscal de campo», corean los manifestantes. «Por culpa de Tantaui el traidor, terminé vendiendo pañuelos de papel», gritaba por su parte un vendedor ambulante.
En febrero pasado, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas aseguró que transferiría el poder en el plazo de seis meses o tras elecciones parlamentarias y presidenciales. Pero, si bien los comicios legislativos comenzarán la próxima semana, la elección presidencial no se espera hasta dentro de un año, después de que se redacte una nueva Constitución que ha de ser aprobada por el Parlamento.
Los manifestantes y grupos opositores, frustrados con el proceso de transición, reclaman ahora a los militares que convoquen las elecciones presidenciales en abril de 2012. Otros piden que el Consejo transfiera ya el poder a un consejo presidencial civil.
Tras ser aclamados por los manifestantes en enero después de que los protegieran de la Policía, nueve meses después los militares se enfrentan ahora a la desconfianza y el enojo por «utilizar las mismas técnicas que el viejo régimen».
La ONG Amnistía Internacional (AI) aseguró ayer que la cúpula militar continúa con la «tradición represiva» y es responsable de «una serie de abusos» que en algunos casos exceden a los cometidos por el régimen de Mubarak.
El sábado último a la mañana la Policía empleó la fuerza para terminar con una sentada de las familias de las víctimas o heridos que dejaron los 18 días de protestas que derrocaron a Mubarak. En los días siguientes, la gente acudió en masa a la plaza para protestar contra los militares y el Ministerio del Interior. Los enfrentamientos dejaron decenas de muertos y cientos de heridos.
Tras varias reuniones, el Gobierno presentó su dimisión al consejo militar y reclamó un diálogo nacional por parte de todas las fuerzas políticas para encontrar una salida a la crisis.
«Ahora mismo sólo tenemos una petición: derrocar al consejo», proclamó Hani Yousef, uno de los manifestantes.
«Al igual que Mubarak, el Ejército se toma demasiado tiempo para reaccionar. Para cuando alcancen una decisión muchos más habrán muerto y nosotros seguiremos viniendo a la plaza», añadió mientras se limpiaba de los ojos un gel empleado para protegerlos del gas lacrimógeno.
Mientras el consejo militar y algunos grupos políticos siguen empeñados en celebrar las elecciones parlamentarias la próxima semana, los manifestantes vuelven a Tahrir llevando comida, medicinas y sábanas, preparándose para otra resistencia que, según sus previsiones, podría alargarse.
Agencia DPA


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