- ámbito
- Edición Impresa
Sudamérica, cada vez más lejos del radar de Obama
Hillary Clinton
Lula no es el único que tiene esta percepción. La mayoría de expertos en la región coincide con su análisis. Una de las razones de tal déficit de atención es que Washington está librando dos guerras: en Irak y Afganistán. Basta con decir que de 60 asesores en temas exteriores de la Casa Blanca, sólo cuatro se dedican a América Latina.
No obstante, éste no es el único motivo. «Esta Administración aún está diseñando su política hacia Sudamérica; sólo hace dos semanas que el Senado confirmó al subsecretario para América Latina», explica Peter Hakim, presidente del «think tank» Interamerican Dialogue, en Washington. Sin embargo, Hakim considera que los verdaderos factores que impiden que Estados Unidos tenga una política exterior coherente para la región son más bien estructurales. «La polarización entre republicanos y demócratas es tan intensa que es muy difícil pactar una política exterior bipartidista para América Latina. Y encima, la dinámica de la región, con conflictos como el que enfrenta a Colombia y Venezuela, tampoco ayuda», sostiene Hakim.
Si bien no existe aún una estrategia clara, sí es posible vislumbrar un cambio de estilo respecto de la anterior Administración. Tanto para solucionar los problemas de América Latina como para abordar los del conjunto del mundo, Obama confía en las instituciones internacionales, mientras que el equipo de George W. Bush se inclinaba por soluciones bilaterales, o incluso unilaterales.
El mejor ejemplo de este nuevo enfoque lo proporciona la crisis hondureña, en la que desde el principio Washington ha otorgado un papel protagónico a la Organización de Estados Americanos, una institución con un rol tradicionalmente secundario. Por ejemplo, EE.UU. aceptó una resolución de consenso en la OEA sobre Cuba aunque ésta no recogía su posición.
Único éxito
Precisamente, para Hakim, el inicio del deshielo en las relaciones con Cuba es el único éxito notable de Obama en América Latina. «Lo está haciendo bien, porque por el momento ha sorteado el peligro de que se desataran las iras de los conservadores». Esta voluntad de cooperar con otros países se tradujo en la búsqueda de una nueva asociación con algunas de las potencias de la región, sobre todo con Brasil. No obstante, más allá de la buena química personal entre Obama y Lula, la relación entre ambos países está marcada por la cooperación tanto como por la competición y la tensión.
«A EE.UU. le gustaría que Brasil asumiera mayor responsabilidad internacional, pero bajo sus reglas. Sin embargo, este país, que se siente cada vez más una potencia, no quiere renunciar a su tradicional independencia en política exterior, de acuerdo con sus intereses», sostiene Aurea Moltó, subdirectora de la revista Política Exterior.
Por ejemplo, Washington considera que no corresponde a una potencia responsable mantener posturas demasiado conciliadoras con países como Venezuela o Cuba, o negarse a condenar el programa nuclear iraní (ver págs. 14 y 15). Así las cosas, no será fácil para el nuevo subsecretario para América Latina, Arturo Valenzuela, dotar a EE.UU. de una política exterior efectiva para la región. De momento, aún está trabajando en ello.


Dejá tu comentario