Además, descartó temores de que Lula pretenda impulsar un giro del Gobierno a la izquierda y aseveró que, en todo caso, reforzará el compromiso oficial con la estabilidad fiscal y el control de la inflación.
Una de las medidas que, se especulaba ayer en la prensa y los mercados, podría tomar el nuevo gabinete es el uso de las reservas internacionales, que superan los 370.000 millones de dólares, para reducir la deuda pública e, incluso, realizar obras. Rousseff desmintió que las reservas vayan a tocarse.
Allegados al expresidente filtraron que dentro de su diagnóstico está la idea de que el mejor modo de luchar contra el juicio político que amenaza a la presidenta es relanzar la economía, de manera de mejorar el humor social.
Para eso pretende aumentar la distribución de subsidios a la población de menores recursos a través de los programas Bolsa Familia y Mi Casa, Mi Vida, el primero, una ayuda directa y, el segundo, de construcción de viviendas sociales. Lula quiere que el Bolsa Familia llegue a 40 millones de personas, unos 14 millones de familias.
Otro de los objetivos del flamante ministro jefe de la Casa Civil será destrabar el crédito, una de las políticas expansivas que puso en práctica durante sus dos mandatos (2003-2010) y que fue responsable del crecimiento del consumo interno en esos años.
Finalmente, Lula quiere que el Gobierno federal ayude a los estados, que en su mayoría tienen problemas financieros por la caída de la actividad económica y, por ende, de la recaudación.
Analistas del mercado financiero coinciden en que Lula actuará como un superministro y temen que aplique medidas "populistas" que desdibujen el ajuste fiscal en curso.
Alexandre Schwartsman, exdirector del Banco Central, expresó ayer su "temor" a que el expresidente "repita" la receta que aplicó ante la crisis global de 2008, cuando expandió el crédito al consumo y las obras públicas.
La popularidad de Lula durante su primer mandato estaba por las nubes, pero su regreso al Gobierno le toma con la imagen dañada por las denuncias de corrupción que enfrenta.
Por ello, Lula intentará fortalecer el apoyo de su formación, el Partido de los Trabajadores, y para ello podría frenar parte de las medidas de austeridad propuestas por el Gobierno, lo que le reclaman las bases del PT. Es precisamente esta idea la que asusta al mercado, que teme el hecho de que Lula pueda tener "carta blanca para mover la economía", según el analista Pedro Galdi, de la consultora What Call.
"Si Lula acompaña las propuestas del partido, va a tomar medidas para fomentar el consumo y aumentar el gasto", dijo Virene Matesco, profesora de la Fundación Getulio Vargas (FGV).
| Agencias Brasil247, ANSA y EFE |


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