- ámbito
- Edición Impresa
Szewach: "La batalla real es entre mediocres y lúcidos"
Enrique Szewach: «Es un ensayo transmutado en novela en el
intento de hacer algo más original con respecto a los ensayos
tradicionales».
E.S.: No los hay. No es una batalla entre buenos y malos sino entre inteligencia y mediocridad, y la inteligencia va en torno de objetivos comunes. Hay gente, para usar el lenguaje moderno, del campo progresista que tiene objetivos comunes con gente neoliberal y que, como no discuten los instrumentos, se quedan siempre en posiciones diversas y le dejan el campo a una mediocridad que ha avanzado fuertemente, y que ha logrado por ahora controlar el campo de batalla. Y esto tiene cierto trasfondo de autocrítica porque no lo digo desde un púlpito para convencer a los demás, es una critica a toda una generación que nos hemos encerrado en no querer participar ya, resignados a que, bueno, ésta es la Argentina y listo.
P.: En «La Eterna Novela» señala a los que eligieron el pragmatismo y enfrenta a los que se entregaron a los prejuicios.
E.S.: Los prejuicios y los preconceptos hacen imposible un debate serio de los instrumentos que nos podrían llevar a los objetivos. Hay toda una élite que se ha plantado en un lugar de indiferencia respecto de la Argentina. Hay una sensación de que los argentinos vivimos como turistas en nuestro país, y casi económicamente porque nuestros ahorros están en dólares en el exterior porque hemos huido de las estafas y confiscaciones permanentes, que quienes las hacen ignoran las consecuencias del mediano y largo plazo, y lo pagan después. Vivimos en dólares en la Argentina. Hay toda una clase dirigente que mira al país como turista. Se disfruta el país y uno se queja pero sabe que, en el fondo, no vive acá. Hay una renuncia de las elites, profesionales, dirigentes, etc., que tienen esa actitud. En la novela, quienes quieren participar a favor del país lo terminan haciendo desde la muerte, que en el fondo es también una renuncia.
P.: ¿Cómo se le ocurrió una secta de suicidas patrióticos, por llamarlos así?
E.S.: Mientras escribía dudaba sobre la verosimilitud de esa parte de la historia, de pronto leí una noticia de un grupo en Japón que se había citado por Internet para inmolarse en un contexto místico. A mí me llamó siempre la atención la gente que reacciona sólo frente a un hecho traumatico, a una muerte. Así pensé en contar desde un drama para provocar una reacción desde el absurdo.
P.: Una mujer que se suicida acaso inducida por su amante. Su hermano que quiere descubrir el misterio de esa muerte. ¿Pensó su novela como un policial?
E.S.: Nunca le creí a los novelistas cuando contaban que en el fondo los personajes los iban llevando, que las cosas iban yendo por su propio camino, y que eso era algo que uno no tenía muy planeado. Yo escribo cosas que poseen una estructura, donde se quiere probar algo o pasar un mensaje en particular. Pero efectivamente en mi libro las cosas se fueron yendo solas. Tenía alguna idea de policial, alguna alternativa de final distinto, pero después me di cuenta de que la historia no podía tener otro final, que si queria comunicar la metáfora sobre las clavesdel fracaso de la Argentina tenía que dejar que los personajes tramaran una novela ensayística y que, tal vez, el policial hubiera distraído, hubiera llevado hacia otro rumbo. Y la verdad que mi objetivo era que se volviera a la economía, no que nos fuéramos por el lado del inspector Clouseau.
P.: Su protagonista realiza dos investigaciones: las causas de la muerte de su hermana, y las del «suicidio» de la Argentina.
E.S.: Mi idea fue que a partirde la investigación sobre la hermana empezaran a surgir los elementos de la Argentina típica, de la eterna novela argentina.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario