3 de diciembre 2008 - 00:00

Szewach: "La batalla real es entre mediocres y lúcidos"

Enrique Szewach: «Es un ensayo transmutado en novela en elintento de hacer algo más original con respecto a los ensayostradicionales».
Enrique Szewach: «Es un ensayo transmutado en novela en el intento de hacer algo más original con respecto a los ensayos tradicionales».
Un hombre que investiga la causa del suicidio de su hermana introduce al lector en un debate sobre cuales son las causas del repetido fracaso de la Argentina y si aquí es aún posible la lucha de la inteligencia contra la mediocridad. El economista y periodista Enrique Szewach, de amplia carrera como académico y consultor económico, en «La Eterna Novela Argentina. Historia de un suicidio», que acaba de aparecer, utiliza la «novela ensayística» para llevar a un nueva forma el debate sobre la economía argentina, para a partir de una tragedia familiar poner en debate por qué la Argentina no deja de reiterar sus errores y recaer en la mediocridad.

Periodista: ¿Su libro es un ensayo vestido de novela, una novela transmutada en ensayo, un debate sobre la economía argentina y el futuro del país?

Enrique Szewach: Desde el punto de vista formal es un ensayo transmutado en novela en el intento de hacer algo un poco más original respecto a los ensayos tradicionales. He buscado contar una historia atractiva que me permitiera intercalar las cosas sobre las que discuto habitualmente. Uno tiene muy pocas obsesiones y las va desparramando por la vida.

P.: A diferencia de un ensayo usted enfrenta a cuatro personas que piensan de modo distinto. No hay una idea única sino un debate, donde los personajes argumentan con convicción.

E.S.: El formato original era una especie de diálogo permanente entre dos posiciones encontradas de la Argentina. Después, al narrar, eso fue cambiando. A un amigo que me dijo que había conseguido ponerme en la posición antagónica a la mía para lograr ese debate, le confesé que en la primera versión me ponía aún más en la posición opuesta. Eso lo fui ablandando.

P.: ¿Quiénes son los buenos y quiénes los malos?

E.S.: No los hay. No es una batalla entre buenos y malos sino entre inteligencia y mediocridad, y la inteligencia va en torno de objetivos comunes. Hay gente, para usar el lenguaje moderno, del campo progresista que tiene objetivos comunes con gente neoliberal y que, como no discuten los instrumentos, se quedan siempre en posiciones diversas y le dejan el campo a una mediocridad que ha avanzado fuertemente, y que ha logrado por ahora controlar el campo de batalla. Y esto tiene cierto trasfondo de autocrítica porque no lo digo desde un púlpito para convencer a los demás, es una critica a toda una generación que nos hemos encerrado en no querer participar ya, resignados a que, bueno, ésta es la Argentina y listo.

P.: En «La Eterna Novela» señala a los que eligieron el pragmatismo y enfrenta a los que se entregaron a los prejuicios.

E.S.: Los prejuicios y los preconceptos hacen imposible un debate serio de los instrumentos que nos podrían llevar a los objetivos. Hay toda una élite que se ha plantado en un lugar de indiferencia respecto de la Argentina. Hay una sensación de que los argentinos vivimos como turistas en nuestro país, y casi económicamente porque nuestros ahorros están en dólares en el exterior porque hemos huido de las estafas y confiscaciones permanentes, que quienes las hacen ignoran las consecuencias del mediano y largo plazo, y lo pagan después. Vivimos en dólares en la Argentina. Hay toda una clase dirigente que mira al país como turista. Se disfruta el país y uno se queja pero sabe que, en el fondo, no vive acá. Hay una renuncia de las elites, profesionales, dirigentes, etc., que tienen esa actitud. En la novela, quienes quieren participar a favor del país lo terminan haciendo desde la muerte, que en el fondo es también una renuncia.

P.: ¿Cómo se le ocurrió una secta de suicidas patrióticos, por llamarlos así?

E.S.: Mientras escribía dudaba sobre la verosimilitud de esa parte de la historia, de pronto leí una noticia de un grupo en Japón que se había citado por Internet para inmolarse en un contexto místico. A mí me llamó siempre la atención la gente que reacciona sólo frente a un hecho traumatico, a una muerte. Así pensé en contar desde un drama para provocar una reacción desde el absurdo.

P.: Una mujer que se suicida acaso inducida por su amante. Su hermano que quiere descubrir el misterio de esa muerte. ¿Pensó su novela como un policial?

E.S.: Nunca le creí a los novelistas cuando contaban que en el fondo los personajes los iban llevando, que las cosas iban yendo por su propio camino, y que eso era algo que uno no tenía muy planeado. Yo escribo cosas que poseen una estructura, donde se quiere probar algo o pasar un mensaje en particular. Pero efectivamente en mi libro las cosas se fueron yendo solas. Tenía alguna idea de policial, alguna alternativa de final distinto, pero después me di cuenta de que la historia no podía tener otro final, que si queria comunicar la metáfora sobre las clavesdel fracaso de la Argentina tenía que dejar que los personajes tramaran una novela ensayística y que, tal vez, el policial hubiera distraído, hubiera llevado hacia otro rumbo. Y la verdad que mi objetivo era que se volviera a la economía, no que nos fuéramos por el lado del inspector Clouseau.

P.: Su protagonista realiza dos investigaciones: las causas de la muerte de su hermana, y las del «suicidio» de la Argentina.

E.S.: Mi idea fue que a partirde la investigación sobre la hermana empezaran a surgir los elementos de la Argentina típica, de la eterna novela argentina.

Entrevista de Máximo Soto

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