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Talese: el arte de contar la realidad

«Las dos rubias, que parecían tener treinta y tantos, se veían acicaladas y pulidas, sus cuerpos maduros ceñidos suavemente por trajes oscuros. Cruzaban las piernas, encaramadas en altos taburetes de la barra. Una sacó un Kent y Sinatra se apresuró a ponerle debajo su encendedor de oro, y ella le sostuvo la mano, mirando los dedos: eran nudosos y depellejados, y los meñiques sobresalían, tan tiesos por la artritis que apenas los podía doblar. Como de costumbre, vestía de manera inmaculada. Llevaba un traje gris oscuro pero con chaleco. Los zapatos, británicos, parecían lustrados hasta por las suelas. También llevaba un muy convincente peluquín, uno de lo 60 que posee, a cargo de una imperceptible señora de cabello gris que lo sigue, con el pelo del artista en una carpetita». Esta escena del artículo «Frank Sinatra está resfriado», escrito para la revista «Esquire» en 1965, muestra todos los atributos que han hecho del estadounidense Gay Talese un cuentista de historias reales, uno de los impulsores en los años 60 -junto a Truman Capote, Tom Wolfe, Norman Mailer y Hunter S. Thompson- del «Nuevo Periodismo», esa forma de informar usando recursos de la literatura para colocar al lector ante lo que se relata, para hacer sentir que se está presenciando la escena. Talese usa esas herramientas. Cuenta por escenas, abre diálogos, se detiene en detalles reveladores. Muestra que sabe de lo que habla, que ha investigado. Y «Frank Sinatra está resfriado» -considerado el mejor artículo publicado por «Esquire» en toda su historia- lo demuestra a fondo, es una entrevista fracasada. Talese a Sinatra no llega a entrevistarlo, lo ve de lejos, en un rincón de un club nocturno de California. Nota que está resfriado y «Sinatra con gripe es como Picasso sin pintura, una Ferrari sin combustible... sólo que peor». Talese hace que el lector caiga en sus redes, que no pueda escapar de la historia del artista, de «Il Padrone», de un «swinger», que no pueda parar de leer, porque como en una buena película siempre hay algo más que sorprende. Una secuencia inesperada, personajes previsibles como los Kennedy, Mia Farrow, la Mafia, o imprevistos, como el actor Brad Dexter, que lo salvó de morir ahogado, y pasó a ser su guardaespalda.
«Retratos y encuentros» reúne 14 famosos artículos de Talese, escritos entre 1965 y 2003. Descubre la «Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas», donde los gatos tienen un mundo bohemio, los mendigos toman taxi, hay un portero con tres balas en la cabeza, es decir las raras «maravillas de una ciudad sin tiempo». Encuentra al boxeador Floyd Patterson («El perdedor») regenteando un bar y sosteniendo que es su hermano Raymond. A un Joe DiMaggio («La temporada silenciosa de un héroe») que no puede sacarse de la cabeza a Marilyn. Desnuda anticipadamente el negocio del glamour («Voguelandia»). Va tras Hemingway, parece estar presente en el encuentro entre Fidel Castro y Muhammad Ali, deslumbra contando la vida del redactor que se convirtió en el primero en firmar necrológicas en el «New York Times» («Don malas noticias»). Y hasta revela su infancia de hijo de un sastre italiano inmigrante, y cómo allí están los «Orígenes de un escritor de no ficción». Talese es un alquimista que convierte el periodismo en una rama del arte.
M.S.


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