22 de julio 2009 - 02:16

Tambalea la bancada de 80 votos antes de asumir

Julio Cobos
Julio Cobos
El Acuerdo Cívico y Social no ha generado más que buenas noticias para el Gobierno después de las elecciones del 28 de junio. Los ruidos internos que siguen ahora con la reubicación de Margarita Stolbizer en la fuerza (ver nota aparte) son sólo una muestra de lo que viene pasando en ese grupo que consiguió reunir 80 diputados y colocarse como segunda fuerza detrás del kirchnerismo, pero que aún no puede garantizar por cuánto tiempo seguirá funcionando unida.

Algunos indicios los dieron las volteretas que pegaron Elisa Carrió y Julio Cobos durante la campaña para evitar mostrarse no sólo juntos en una foto, sino en plena competencia para 2011.

Socialistas

Pero tras las fisuras varias que se fueron mostrando después de las elecciones, no sólo Cobos avanzó su acuerdo con el radicalismo para marcarle el terreno a Carrió, sino que el socialismo, tercera pata en el Acuerdo Cívico y Social, aclaró formalmente que sin una conducción organizada, sería imposible continuar con esa sociedad política.

Se conoce el pedido en ese sentido del santafesino Rubén Giustiniani, pero con Carrió aún fuera del país parece imposible que se organice en lo inmediato una conducción que evite el reinado de los personalismos a la hora de tomar decisiones, como pidieron los socialistas.

Ahora no sólo los santafesinos sostienen la necesidad de darle estructura al Acuerdo Cívico y Social. En el radicalismo ya crecen las presiones internas para que se limite el protagonismo de Carrió en esa fuerza.

El problema es que aún no está claro quién tuvo razón en la mayor disputa que cruzó a Gerardo Morales con Carrió: la participación en el diálogo político. Los radicales decidieron aceptar la invitación de Florencio Randazzo a la Casa Rosada, al igual que Stolbizer. Y con ese gesto marcaron la primera división con la Coalición Cívica. Hubo luego declaraciones temerarias para la fuerza, como la de Patricia Bullrich, que tildó a Stolbizer de traidora.

Razonamiento

Esa acusación caló más hondo quizás en la UCR que en la diputada bonaerense electa: «Si Stolbizer es traidora, entonces también lo somos nosotros», razonaron los radicales, que nunca terminaron de aceptar que Bullrich tuviera voz dentro del grupo.

Ahora, todo dependerá del éxito o fracaso del diálogo. Si la oposición no avanza en la sanción de alguna de las reformas que discutió con el Gobierno, como superpoderes, retenciones o la Magistratura, será difícil que radicales o socialistas puedan convencer a Carrió de ceder protagonismo en la fuerza.

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