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Tambos: la eficiencia en su máxima expresión
Para que un tambo familiar sea eficiente debe producir entre 4.500 y 5.000 litros de leche por día. Para esto el productor debe tener en cuenta tres claves: alimentación, sanidad y manejo, factores con los cuales se puede asegurar una rentabilidad considerable.
Justamente en esa dirección trabajan los propietarios del establecimiento El Edén, un tambo ubicado a menos de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y a escasos de la Autovía 2, que conduce a la costa, propiedad de los Mulder, una familia que por quinta generación se dedica a la actividad lechera y sus orígenes se remontan a un pequeño pueblo de Holanda.
El establecimiento tiene una superficie de unas 200 hectáreas, con 150 vacas en ordeño y recientemente incorporó una cabaña, Edén, donde hoy hay 60 vacas Holando Argentino de puro pedigrí. El tambo tiene un sistema de ordeñe tipo espina con 12 bajadas que en algo más de una hora permite la obtención de entre 4.500 y 5.000 litros por turno (se ordeña a las 6 de la mañana y a la 6 de la tarde), en primavera los rindes por animal pueden alcanzar los 32 y los 32,5 litros de leche.
Genética de tamberos
Dos de las cinco generaciones de tamberos se iniciaron con la actividad en Europa y las tres siguientes continuaron la profesión en la Argentina. «Creo que la parte hereditaria tiene mucho que ver en esto, venimos de tamberos y vemos lo que estamos logrando, sabemos adónde queremos llegar y si comparamos con lo que hay en Holanda, no nos diferenciamos mucho respecto de lo que ellos hacen», explica a Ámbito del Campo Gerardo Mulder, una de las principales cabezas de la empresa familiar.
Este productor, cuya actividad se reparte entre un negocio de importación de frutas que realiza en Holanda y la actividad tambera en el país, asegura no creer en los tambos muy grandes ni en los muy chicos, «porque con mil o más vacas se termina fallando y son poco rentables».
«El equilibrio justo de un tambo es aquel que tiene 150 vacas, para poder estar con los pies, las manos, la cabeza y el corazón sobre los animales. Si uno se va a las 300 vacas, el negocio puede ser muy rentable, pero si uno está sobre las vacas. Pero cuando se pasa a las 600 cabezas en ordeño, se pierde el contacto porque uno habla con el encargado», asegura Mulder. Si un productor aspira a tener buenos resultados en su explotación pecuaria, en el caso del tambo, una de las claves está en la alimentación.
La dieta para las vacas lecheras se integra de la siguiente manera: por cada 25 mil kilos de malta húmeda (que equivalen a cinco camiones en un silo), se agregan 1.500 kilos de afrecho de trigo para que absorba el líquido, que es la parte más nutriente de la malta húmeda, que equivale a 5 kilos de alimento que se le entrega cada animal durante el verano, el otoño e invierno, pero en primavera se baja hasta dos kilos, para no cambiarle el sabor de la dieta, compuesta por 5 kilos de rollo picado para darle más fibra. Esa dieta se les entrega a las vacas en los comederos ubicados a 100 metros de la sala de ordeñe. Esta ración la reciben dos veces por día y cada 12 horas.
La alimentación, una de las claves
La dieta se completa con siete kilos de ración en el momento del ordeñe, al 16%, y se le agrega un kilo más por vaca de maíz picado; con eso logramos 8 kilos de ración, asegura Walter Mulder, otro de los responsables del tambo. De este modo, cada vaca entrega entre 30 y 32,5 litros de leche entre primavera y verano. Mientras las vacas están a campo, la alimentación es a pasto, donde reciben pasturas mezcladas con verdeos de verano o invierno, según corresponda a la época del año. Al respecto, añade Gerardo Mulder, «esto nos permitió mantener un balance entre proteínas y grasa para llegar al máximo de lo que podemos obtener en proteínas. Estamos en un 3,6% y el 3,8% de grasas, aunque en distintos períodos se puede variar la grasa, pero en proteínas nos varía del 3,3% al 3,6%; en grasas, del 3,5% al 3,8».
El sorgo, buena alternativa
Si el silo resultara muy bajo, al animal se le entregan hasta 30 kilos de alimentos, generalmente formado por un mix, porque no siempre se entrega silo de maíz, debido a la zona en que se desarrolla la actividad y para tener menos riesgo, se hace silo de sorgo de pasturas y de maíz, además de la malta. Para la familia de tamberos y por las características de la zona que es bastante complicada (plena cuenca del Salado) se prepara un mix de riesgo para asegurarse la alimentación a la salida del invierno y en primavera a base de sorgo, que es más seguro acompañado de silo de pastura, porque el de maíz es mucho más riesgoso en la zona. Si bien el sorgo no da resultados excelentes, pero sí brinda seguridad y es más aguantador. Se lo puede plantar en un bajo y no tiene tanta demanda de fertilizantes o herbicidas. Entonces en años buenos conviene el maíz y en años de sequía, el sorgo. En tambos comerciales, se puede aconsejar sorgo, pero en el caso en que uno les entrega a los animales 20 kilos de maíz, de sorgo deben ser 25 kilos por día para que reemplace la misma energía, pero es muy limitada a la cantidad de alimento.
El establecimiento tiene el apoyo de un ingeniero agrónomo, especializado en pasturas para tambo, quien está a cargo de la selección de los verdeos y las pasturas que se utilizan. Selecciona los lotes en los cuales se sembrará el maíz y la moa. En los bajos se implantan pasturas «B» y en las lomitas pasturas «A», que contiene algo de festuca, loto y también trébol.
Sanidad, vacas atletas
La sanidad es uno de los puntos clave del éxito; el establecimiento tiene un veterinario que realiza la programación sanitaria de los animales basado en las características de la zona. El establecimiento está libre de todas las enfermedades que podrían afectar a los rodeos bovinos, entre ellos la brucelosis, «porque buscamos el extremo en la sanidad de las vacas».
«Nos basamos en una sola teoría, observar la vaca para ver cómo se siente más cómoda en el momento de dar la leche; en base a eso, le creamos el ambiente ideal que necesita, por ejemplo, el camino por el que las vacas transitan; sean mil o trescientos metros, tiene que estar en buenas condiciones y sentirse cómoda», asegura Gerardo.
La clave tiene tres puntos: sanidad, manejo y alimentos, ésta es la teoría del bienestar animal que aplicamos», agrega Gerardo.
«Este año implementamos como una experiencia piloto el trabajo de podología en las pezuñas; con esto logramos tener una vaca que camine mejor y sea más atleta para evitar que se le formen durezas en los bazos ya sea con tierras u objetos extraños que le impidan un buen desplazamiento. A través de esta práctica logramos que se sienta cómoda», comenta.
Las vacas de este establecimiento recibieron en la última muestra de los 50 años de la Sociedad Rural de Brandsen varios premios, entre ellos el Campeón Vaca Cinco Años, la Mejor Vaca de la zona, el Campeón Vaca Tres Años y el Premio Tercera Mejor Vaca.

