1 de abril 2015 - 00:15

Tareas para la Argentina 2016

Hoy en día pululan los economistas en Argentina que miden el estado de la economía por el nivel del Gasto Público. Miden el ratio de GP al PBI y de ahí sacan el diagnóstico del paciente y su remedio.Si el GP/PBI excede cierto nivel (36.5), el paciente está enfermo y la solución es reducir ese ratio. Muy fácil, demasiado fácil para alguien que se denomina un profesional. Ni siquiera las enfermeras lo hacen.

A ningún médico se le ocurre echar la culpa de la enfermedad del paciente a la fiebre, y mucho menos recetar la reducción de la fiebre como la base para eliminar la enfermedad. Sin embargo, muchísimos economistas actúan de esa manera absurda. Usan la medición del termómetro del gasto público y si éste da un nivel que ellos consideran aceptable, todo está bien. Si el ratio asciende, la economía empeora y la receta es reducir el ratio, no importa cómo, de hecho rara vez lo mencionan. Cerrar escuelas, hospitales, subir las tarifas subsidiadas, o cortar subsidios políticos a desempleados da lo mismo... simplemente no hablan del tema. Pareciera que se inspiran en la recomendación de Milton Friedman: a dollar is dollar... lo que es bastante cierto si el tema es solamente la tasa de inflación.

Los países desarrollados están bastante por arriba del dilema que menciono. En esos países el nivel de gasto público político no alcanza los niveles de caradurez que llega en Argentina. Lamentablemente el nivel del entendimiento en la Argentina ha retrocedido varias décadas. Hemos vuelto a los años 60 en que había dos teorías de la inflación: los responsables de las cadenas de valor, que se aprovechaban de sus posiciones monopolísticas o la emisión monetaria fogoneada por el gasto público. Ese enfoque simplista confunde al público y hace que los más capaces se aparten de la función pública y sólo los más inútiles y arriesgados se acerquen.

En Argentina 2015 el problema planteado por ideólogos económicos de la oposición, incluyendo varios medios, es que será difícil eliminar distorsiones tales como el cepo, ganancias, retenciones. Todo eso visto como el conjunto de medidas fiscales que reducen la financiación del Gasto Público. Ven la reducción del Gasto público, así definido, como una bomba de tiempo que queda como herencia para el próximo Gobierno. Nadie habla sobre por qué el gasto público es una pesada herencia, se concentran en las medidas de financiamiento. Sin embargo, al fin y al cabo, la inflación es bastante más baja que en otras décadas.

A veces el Gasto Público no es el problema sino su financiamiento: los impuestos actúan como desincentivos para los que aún trabajan. Generan menos oferta de capital y trabajo, y mayor evasión y elusión. Por otro lado, la productividad del gasto puede justificar este efecto negativo si su productividad es alta y no podía ser ofrecida por el mercado: caso salud pública, educación, defensa, seguridad, etc. En estos casos hay que medir el nivel del gasto y su productividad versus el nivel y desincentivos de las fuentes de recaudación.

Otras veces el Gasto Público no es gasto en el sentido que la gente lo interpreta: se les saca a los que ganan y se les da a los que no trabajan, usualmente seguidores del poder. No hay rutas, obras, concursos, guerras, edificios, etc. Simplemente redistribución. Ésta es la peor forma de gasto público de reducir. Debe ser claramente identificada. No es lo mismo cerrar hospitales publicos, escuelas o comisarías, que eliminar subsidios a decenas de miles de barras bravas y punteros. Tener 10 millones de personas que viven a costa de otras sin trabajar no es un sistema que se elimina simplemente devaluando. El problema no es el tipo de cambio, son las personas que viven sin trabajar con la plata de los demás.

El gasto público también sostiene corrupción y organizaciones para-estatales leales al partido de Gobierno. Reducir el gasto equivale a cerrar estas organizaciones, lo que puede incluir "contribuciones"a fuerzas de seguridad, Justicia y organizaciones vecinales y parasociales. Todo ello implica un altísimo esfuerzo que difícilmente pueda ser medido en términos monetarios.

Para simplificar: tenemos una economía en la que el partido gobernante subsidia a varios millones de personas con impuestos sobre el empleo de los que aún trabajan: Ganancias y Aportes Patronales. Eso hace que la demanda de trabajo sea cada vez menor, el desempleo mayor, y por ende la demanda de asistencialismo sea mayor: el partido gobernante cada vez más feliz ya que puede seguir practicando lo único que sabe hacer. Y la oposición lo único que hace es recomendar reducir el gasto público, lo que el público interpreta como eliminar los subsidios, lo cual aterroriza a varios millones de oficialistas (forzados).

La solución racional: primero reconocer el problema. No se puede solucionar la pobreza redistribuyendo. A nadie le gusta que le saquen su dinero para dárselo a un motochorro, que de día trabaja de puntero o en una oficina pública. Y eso no funciona en ningún lado.

Segundo: dar los incentivos correctos: los impuestos al empleo y a las Ganancias los pagan los trabajadores y desincentivan el empleo formal. Debe eliminarse completamente el impuesto al empleo (aportes patronales). No se puede ni debe financiar a los desempleados con impuestos al empleo: ¡es ridículo! No se puede hacer de golpe porque habría un fuerte déficit fiscal. Urgente implementar que todos los actuales receptores de planes sociales dejen de recibirlos a cambio de un "carnet" que los exime de aportes patronales. Para el resto, volver a un plan de reducción gradual, hasta llegar a cero rápidamente.

Tercero: eliminar el Impuesto a las Ganancias, que siempre fue transistorio. O dejarlo para niveles altísimos y a una tasa que no incentive la elusión (gradual entre 5% y 20%). Eliminar el impuesto al Patrimonio, que fue puesto sólo para compensar la elusión de Ganancias.

Cuarto: racionalizar el Gasto Público: si la gente trabajara y los empresarios invirtieran podríamos ocuparnos de temas importantes, como educación. salud, seguridad, etcétera.

Yo creo en el hospital público para los residentes del área correspondiente, educación pública privada básica financiada por subsidios estatales (vecinales) y seguridad nacional y distrital. El Estado no es eficiente produciendo educación, debe limitarse a subsidiarla. Pero todo esto, y muchísimo más, puede ser discutido democráticamente y con más tiempo. 

(*) Economista, rector de UCEMA

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