«Hacia adelante, deseamos lo mejor para Sidor, Guayana, Venezuela y su gente. Mantenemos firme nuestro compromiso como empresa líder regional de seguir trabajando por el crecimiento y el desarrollo de América Latina». La frase es de Daniel Novegil, CEO de Ternium (la división de aceros planos y largos del Grupo Techint) y cierra una carta que acompaña el envío de un libro a empresarios, funcionarios del Gobierno y algunos periodistas y líderes de opinión.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El volumen lleva el sugestivo título «Ternium Sidor: 1998/2007, una década de progreso», y reseña el período en el que Techint fue accionista principal de la siderúrgica expropiada en mayo del año pasado por el régimen chavista.
Lo curioso es que, obviamente, el trabajo fue realizado antes de que se conociera que Hugo Chávez avanzaría aún más con las confiscaciones de empresas de Techint; de hecho, expulsando de su país al holding que encabeza Paolo Rocca. Hace dos semanas el líder bolivariano anunció las «nacionalizaciones» de MATESI y de TAVSA, dos empresas controladas por Techint, y de Comsigua, en la que tiene una minoría accionaria.
En su carta de introducción, Novegil afirma que «Sidor acompañó el crecimiento económico de Venezuela con cifras récord de despachos, transformándose en una operación de clase mundial gracias a los más de u$s 900 millones invertidos para su modernización».
El párrafo obviamente no es inocente: por un lado, es un hecho que la empresa, en manos de funcionarios y delegados gremiales, ha desplomado su producción (y no sólo por la caída de la demanda de acero a nivel global); el monto de la inversión citado no por novedoso deja de llamar la atención: hace pocos días, tanto Chávez como la presidente Cristina de Kirchner afirmaron que el precio acordado que recibirá en cuotas Techint por Sidor (u$s 1970 millones) cubre a duras penas lo pagado por la compra y la posterior inversión en la empresa.
En tanto, la anunciada nacionalización de MATESI, TAVSA y Comsigua sigue quitándoles el sueño a los empresarios argentinos. Ayer hubo numerosas, febriles reuniones en las cámaras y representaciones sectoriales, para acordar el nivel de representación y el discurso que llevarán hoy por la tarde a la reunión de la Comisión del Mercosur en la Cámara de Diputados (ver aparte), en la que comenzará a tratarse la no aceptación de Venezuela como miembro pleno del mercado común regional.
Desde ya, las declaraciones del embajador chavista en Buenos Aires hicieron poco para calmarlos: Arévalo Enrique Méndez Romero (que así se llama el enviado de Hugo Chávez) dijo, palabras más, palabras menos, que las empresas brasileñas eran «mejores que las argentinas porque logran un acercamiento a la sociedad». Las poco diplomáticas palabras desmintieron el comunicado del jueves pasado de la Cancillería chavista, que afirmó exactamente lo contrario diciendo que se había tratado de «una broma» lo dicho por Chávez en Brasil («sus empresas están a salvo de expropiaciones»).
Un encumbrado dirigente de la Unión Industrial Argentina (UIA) le dijo a este diario que «la broma es para nosotros, porque nos están tomando el pelo; un día Chávez dice una cosa, al otro día su canciller lo contradice, y en el fin de semana el embajador de ese mismo país vuelve al planteo original...».
Lo que también irritó a los empresarios fue enterarse por la embajadora en Caracas, Alicia Castro, de que el matrimonio presidencial sabía de las estatizaciones en Venezuela, después de que dejaran trascender que Chávez no los había informado de antemano. Todo esto, dicen, conforma un panorama preocupante: «Cuando nos dicen que acá no va a pasar lo mismo que en Venezuela, no sabemos si creer o no...», agrega la fuente. Seguramente por este estado de deliberación constante, hoy la UIA recibirá en su edificio a Alfonso Prat Gay y Ricardo Gil Lavedra, candidatos por el Acuerdo Cívico y Social que conformaron la Coalición Cívica y la UCR. En algún otro momento de la historia reciente, ese encuentro habría sido impensable, por las consecuencias que les habría generado a los industriales osar fotografiarse con la oposición. Hoy, sin embargo, la UIA parece haberse decidido a jugar de otra manera.
En este marco avanza la convocatoria a las centrales fabriles del Mercosur (la UIA, la uruguaya CIU y las brasileñas FIESP y CNI) a fin de detener el ingreso de Venezuela a ese organismo; algunas autoridades de la Unión querrían que fuera mañana mismo, pero problemas de agenda trasladarían el encuentro (que se realizará en Montevideo) para la semana próxima.
Dejá tu comentario