15 de julio 2009 - 00:00

Tegucigalpa, bajo el infierno del miedo

Policías montan guardia en las puertas de un hotel de Tegucigalpa, el mismo en el cual fueron retenidos periodistas venezolanos el fin de semana.
Policías montan guardia en las puertas de un hotel de Tegucigalpa, el mismo en el cual fueron retenidos periodistas venezolanos el fin de semana.
Tegucigalpa - «Cuídese», no se cansan de advertir los hondureños a los visitantes de Tegucigalpa, donde la inseguridad llevó a la proliferación de guardias privados, pistolas y escopetas, y es la principal preocupación del país por encima de la situación política.

En la zona central o en la parte más acomodada donde se emplazan los grandes hoteles de la ciudad, los guardias privados -armados la mayoría de escopetas de 12 milímetros- son tantos que a veces chocan entre ellos, existiendo dos o tres por cada local comercial.

No importa el tamaño del negocio ni el rubro. Los guardias forman parte del inventario del comercio hondureño y resguardan desde bancos y negocios de venta de ropa o zapatos, hasta locales de distribución telefónica y pequeñas heladerías.

En el centro de Tegucigalpa, un pequeño local de venta de helados, donde apenas cabía un par de mesas, tenía una sola vendedora que cobraba y servía los helados, pero no faltaba un guardia armado con una gran escopeta.

Ser guardia privado es la profesión más peligrosa del país, donde uno de ellos es asesinado cada día en el cumplimiento de su trabajo, y, pese a su gran número, son escasos para generar seguridad en uno de los países más peligrosos de América Latina, con la trágica tasa de un homicidio cada dos horas.

El tema es sensible para los hondureños que no dudan en advertirles a los visitantes que se cuiden, que no salgan de noche ni se adentren en los sectores populares.

Tanto, que parecieron sentirse aliviados por el toque de queda nocturno que rigió hasta el domingo pasado y que se extendió por dos semanas tras el golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya.

Cerca de 1.270 personas fueron detenidas en toda Honduras durante el período excepcional, cuando el comercio y otras actividades nocturnas debieron cerrar, pero no se registraron robos mayores ni asesinatos, según la Policía.

El Gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti aumentó durante el día el resguardo policial y militar en los principales centros urbanos, una medida aplaudida por los hondureños.

«Es bueno que estén los militares», sostiene María, una joven madre que pasea junto a sus hijos en el Parque Central, custodiado por una decena de soldados.

Consciente de que se trata de un tema vital, Micheletti anunció el lunes -en el marco de sus primeras medidas- que atacará con fuerza la inseguridad, con la instalación de cámaras de vigilancia en semáforos y la revisión de rayos X en los ingresos fronterizos.

La Policía, por su parte, trabaja en un nuevo plan para atacar la delincuencia y regular la portación de armas, explicó el vocero de la institución, Héctor Mejía.

La actual normativa, precisó, permite hasta cinco armas de fuego por cada hondureño, muchas de las cuales terminan al final en manos de delincuentes.

«Se está trabajando en una nueva ley que regule la tenencia de armas», señaló Mejía. «La delincuencia es uno de los principales problemas del país», agregó.

Existen en los registros oficiales de Honduras unas 200.000 armas inscriptas, mientras en 2008 se produjeron en el país 4.473 homicidios, con una tasa de 57,9 por cada 100.000 habitantes.

Agencia AFP

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