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Temblor a la derecha de La Meca
La actual república nacida hace veinte años unifica una historia de divisiones. Con una población de 20 millones de habitantes dominada por una leve mayoría sunita en control del Gobierno, la mitad se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Ese segmento es mayoritariamente de origen chiita.
Desde la unificación se han producido dos revueltas encabezadas por chiitas que reclamaban más islam frente al actual Gobierno laico. Se denominan Al Houtis, en memoria del líder muerto en 2004 durante el primer levantamiento.
El conflicto adquiere dimensión por un hecho aparentemente menor y dado por la presión de ese grupo sobre la frontera con Arabia Saudita, que ha respondido con masivos ataques aéreos, estableciendo un extenso bloqueo naval en el Mar Rojo.
A pesar de no ser reconocida como tal, se estaría generando una nueva lucha entre sunitas y chiitas con el apoyo de Irán. Este país es acusado de suministrar armas y alentar las incursiones contra Arabia Saudita. Asimismo, unidades navales iraníes se encuentran en la zona.
La lucha estaría reproduciendo algunas características que enfrentó el Líbano con la presencia de Irán a través de Hizbulá. Recientes declaraciones del canciller de Irán a favor de los Al Houtis pone de manifiesto esa vinculación y quizás intenciones menos disimuladas.
A los Al Houtis se les atribuye haber estado relacionados con el atentado terrorista de Al Queda a la Embajada de Estados Unidos en Saná en agosto de 2008, cuando murieron 16 personas.
Para más datos, unos noventa detenidos en Guantánamo eran de origen yemení, y en el país a la derecha de La Meca vive el imán Anwar Awlaki, un hombre clave de Al Qaeda (ver aparte).
Lo sorprendente de la situación en el Yemen ha sido el grado de la acción militar de Arabia Saudita, ya que es la primera vez en veinte años que despliega las Fuerzas Armadas en un operativo de una escala de tal magnitud. No lo había hecho en Kuwait cuando se repelió la invasión de Irak. Esta circunstancia no puede si no ser interpretada como una clara señal del alcance y la gravedad del problema que suscitaría la influencia de Irán.
El ataque realizado por Estados Unidos se enmarca en un reciente acuerdo con Yemen de asistencia militar e inteligencia.
Los hechos y las potencias involucradas anticipan que no se estaría ante un conflicto más. El escenario es delicado. En un vértice de la península Arábiga se encuentra el Estrecho de Ormuz, con la presencia naval de Irán que, de agravarse el dilema sobre el alcance del programa nuclear con nuevos embargos, podría intentar bloquear la salida del petróleo del golfo Pérsico. Del otro lado del golfo de Adén, Somalia, en plena situación de anarquía y supuesta presencia activa de Al Qaeda. Mientras tanto, la tensión crece con Irán por la reciente incursión en Irak.
Un abanico de hechos y señales que, es de esperar, no estén anunciando un nuevo frente de guerra similar al que desde hace ocho años tiene lugar en Afganistán.


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