15 de mayo 2015 - 00:00

Tensa cumbre de Obama con sus aliados árabes por Irán

Barack Obama recibió a los representantes de los países del Golfo en la residencia de Camp David.  Las monarquías del Golfo temen que la reinclusión de Irán  a la comunidad internacional, cambie la balanza de fuerzas en la región.
Barack Obama recibió a los representantes de los países del Golfo en la residencia de Camp David. Las monarquías del Golfo temen que la reinclusión de Irán a la comunidad internacional, cambie la balanza de fuerzas en la región.
 Washington - El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibió ayer en su residencia de Camp David a representantes de países árabes aliados para disipar sus temores sobre la seguridad en la región tras el acuerdo nuclear con Irán, aunque desacuerdos de fondo y ausencias notables limitaron entendimientos fundamentales.

Junto con Israel, los seis países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG), Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, son los que más críticos han sido respecto del acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

Si bien el encuentro pautado para ayer fue anunciado como una cumbre de líderes, sólo dos de los países, Kuwait y Qatar, enviaron a sus jefes de Estado. El resto no concurrió alegando distintos motivos, lo cual fue interpretado por algunos analistas en Washington como un desaire a Obama. Especialmente llamativo fue el desplante diplomático del rey saudita, Salman bin Abdulaziz, quien decidió no concurrir y enviar en su lugar al príncipe heredero, Mohamed ben Nayef.

Durante una primera reunión en el Salón Oval, Obama buscó minimizar los desacuerdos e insistió en la "amistad extraordinaria" que une a los dos países, además de recordar lazos que se remontan al presidente Franklin Roosevelt y al rey Faisal. "Seguimos construyendo esa relación durante un tiempo difícil", dijo el demócrata, en referencia a la presencia de Estados Unidos en la región, donde están desplazados unos 35.000 soldados. En las reuniones posteriores se abordaron la lucha contra los rebeldes hutíes en Yemen y contra la milicia Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, además de la situación de caos en Libia.

Se trató de la segunda vez que el presidente estadounidense usa la residencia de Camp David -a cien kilómetros al norte de Washington- para recibir dirigentes extranjeros, después de una cumbre del G8 en mayo de 2012. El lugar está cargado de historia: fue allí que en 1978 israelíes y egipcios mantuvieron reuniones secretas para negociaciones que concluyeron con la firma de Menachem Begin y Anuar al Sadat a un acuerdo de paz, conocido desde entonces como "acuerdos de Camp David".

Culminado el encuentro, Barack Obama afirmó en un documento que las partes pautaron un plan para "frenar el programa nuclear iraní y afrontar "amenazas externas". EE.UU. está "listo a trabajar junto a los países del Golfo Pérsico, para impedir y afrontar las amenazas externas a la integridad territorial de cualquiera de estos países", reseñó la declaración final del encuentro. "En el caso de una agresión o de una amenaza de agresión, Estados Unidos evaluará cuáles acciones son las más apropiadas, comprendida la posibilidad del uso de la fuerza militar", señaló el comunicado, difundido por Obama.

"Podemos imaginarnos de qué forma Irán podrá ser aún más provocador en caso de que disponga de un arma atómica", había expresado Obama antes en una entrevista al diario saudita Asharq al Awsat, en que también consideró indispensable suprimir "una de las principales amenazas a la seguridad de la región".

Pero los temores del Golfo no tienen que ver tanto con el plan nuclear iraní, sino con el crecimiento de su influencia en la región. Para Bruce Riedel, del instituto Brookings, "no se trata de un desacuerdo sobre el número de centrifugadoras nucleares. Se trata de saber si Irán debe ser aceptado como un interlocutor legítimo en el seno de la comunidad internacional".

En tanto, Husein Ibish, del Arab Gulf States Institute, señaló que "los países del Golfo creen, más que todo, que por una razón u otra la política estadounidense comienza a inclinarse hacia Irán y se aleja de aliados tradicionales de Estados Unidos en la región".

Diversas voces en la región del Golfo habían llamado a un acuerdo de defensa mutua en los moldes de la OTAN, pero tal proyecto finalmente no surgió en la agenda. Las monarquías esperan ahora un compromiso estadounidense más profundo en Siria, para debilitar al Gobierno de Damasco.

EE.UU. comenzó a entrenar un pequeño grupo de rebeldes sirios moderados en Jordania para luchas contra yihadistas del grupo radical Estado Islámico, pero la Casa Blanca se muestra reticente a implicarse más que eso en el conflicto.

Agencias EFE y AFP

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