Entre las medidas claves examinadas por los parlamentarios se destacan los cambios en el código de procedimiento civil y la aplicación de las normas europeas para los bancos en quiebra. Todas las miradas apuntan a lo que ocurrirá dentro de Syriza. El plan de reformas aplicado hace una semana provocó el quiebre de Syriza.
La nueva vocera del Gobierno griego, Olga Gerovasili, no excluyó la posibilidad de un auténtico "divorcio" en el partido, sin descartar que dentro del Ejecutivo terminen conviviendo dos corrientes muy diferentes una del otro. Gerovasili explicó que tal quiebre podría producirse en las próximas elecciones generales. También admitió que podría incluso haber una escisión en Syriza, dadas las opiniones radicalmente diferentes a las del premier expresadas por decenas de sus diputados.
El pronóstico de la vocera sobre la votación de anoche indicó un apoyo mayor que la semana pasada, cuando de los 149 diputados de Syriza, 38 se disociaron de la postura de Tsipras.
Según Argyris Panagopoulos, miembro del departamento de Políticas Europeas, el Gobierno de Syriza no caerá y la fractura dentro del partido será recompuesta, con menos votos contrarios en el Parlamento que la semana pasada. Frente a semejantes escenarios, Tsipras apunta a lograr el apoyo de la oposición, hecho que puede a su vez generar, sin embargo, una fractura aún más grande dentro de Syriza.
La "Plataforma de Izquierda", que representa al ala más radical del partido de Gobierno, siguió atacando duramente al premier, acusándolo de "pagar con los fondos públicos, en lugar de nacionalizar a los bancos y suspender los pagos". Lo que se vivió ayer en el Parlamento representa un nuevo capítulo de lo que algunos analistas llaman la 'paradoja Tsipras".
El premier fue electo de manera masiva contra las orientaciones planteadas por la Troika (UE, BCE, FMI) y la dura disciplina presupuestaria impuesta por Bruselas. Pero ahora, el joven izquierdista y primer ministro cuenta con el apoyo precisamente de los europeos. Del otro lado de la barricada están, en cambio, los parlamentarios y dirigentes de Syriza que lo acusan de haberse rendido frente a la línea de la austeridad. La de Tsipras es una 'paradoja' que probablemente seguirá con otros capítulos.
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