Tiene protagonista de lujo el ‘‘Onegin’’

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«Evgeny Onegin», ópera en tres actos. Música: P. I.

Chaikovsky. Libreto de K. Shi-lovsky y P. I. Chaikovsky sobre la novela homónima de A. Pushkin. Orquesta y Coro Buenos Aires Lírica. Puesta en escena: M. Mar-morek. Dirección musical: J. Lo-gioia Orbe. (Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 11 de noviembre).



Coronando una temporada con altibajos, la asociación Buenos Aires Lírica volvió a poner en escena el clásico del repertorio ruso «Evgeny Onegin» de Piotr Ilich Chaikovsky que había producido en 2006 en una bellísima producción de Rita Cosentino, con los protagónicos de Daniela Tabernig y Armando Noguera.

Esta vez la dirección escénica recayó en Mercedes Marmorek, joven regista cuya propuesta pareció tener la prolijidad como primordial obje-

tivo.

Climas

Apoyada en una escenografía ecléctica y por momentos sugerente de María José Besozzi pero sin un trabajo de iluminación que contribuyera a la creación de climas, la régie de Marmorek no se arriesga demasiado y el resultado es tibio tanto en el concepto como en la delineación de los personajes, aunque de todas maneras más satisfactorio que en su anterior trabajo para BAL («Der Freischütz», temporada 2011).

Como tantas otras veces, el desempeño de la soprano argentina Carla Filipcic-Holm se recorta absolutamente del entorno y es lo que justifica la adquisición de una entrada para esta producción. Robándose la atención de principio a fin, esta artista sensible transita la evolución del personaje de Tatiana con una vocalidad impecable y una inteligencia interpretativa superior.

Matices

El barítono Fabián Veloz asume el protagónico con notable corrección y solvencia en su canto, aunque no parece haber encontrado los matices del seductor, enigmático y mundano personaje de Pushkin. También mejor encaminado en lo musical que lo actoral, el chileno Pedro Espinoza (un Lensky sanguíneo y vehemente) conmueve con su famosa aria.

Dentro del resto del elenco merecen especial mención el impecable Monsieur Triquet de Sergio Spina, el Príncipe Gremin de Walter Schwartz y la Filipievna de Elisabeth Canis, en tanto que Alicia Alduncín, Ricardo Crampton, Emiliano Bulacios, Sergio Vittadini y Martín Paladino cumplen con creces.

Aún a las órdenes del experimentado director Javier Logioia Orbe, la orquesta mostró falencias molestas y constantes en la afinación de las cuerdas y su volumen sobrepasó por algunos momentos las voces de los cantantes, especialmente las menos caudalosas.

El coro preparado por Juan Casasbellas sonó musicalmente ajustadísimo y escéni-

camente se desenvolvió con soltura.

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