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“Toda novela atractiva tiene algo de thriller”
Katzenbach: «El problema que tengo con las adaptaciones cinematográficas de mis novelas es que parecen olvidarse para qué compraron los derechos. Perdieron de vista lo que les había gustado».
Periodista: ¿Por qué el thriller es un género de moda?
John Katzenbach: Creo que es porque refleja a la sociedad de una manera interesante, alegórica. Su asuntos no son reales, en términos periodísticos, pero son aventuras intelectuales que involucran a la gente y eso hace que se multipliquen en libros, películas y series de televisión. Y funcionen. Las novelas de suspenso nos enfrentan a posibilidades dramáticas, amenazas, violencia. Los personajes de los thrillers exitosos enfrentan desafíos enormes y los superan. Es, de algún modo, la leyenda clásica del héroe llevada a la vida de gente común y corriente.
P.: ¿Cree que thrillers que aparecieron en los últimos tiempos, como los de Dan Brown y Stieg Larsson, renuevan el género?
J.K.: Hay una enorme diferencia entre Dan Brown y Stieg Larsson. La trilogía «Millenium» de Larsson es una saga fascinante y única. Fue un innovador en más de un aspecto. En tanto que Dan Brown hace un thriller más tradicional. Pareciera seguir la norma editorial que dice que el autor de best sellers debe ser respetuoso de la cantidad de libros que vende. Stieg Larsson no estuvo atento a eso.
P.: ¿Cómo se decidió escribir novelas de suspenso?
J.K.: Escribí «Al calor del verano», mi primera novela, porque era una historia que tenía como protagonista un periodista, como lo era yo en ese momento, como reportero de la corte criminal para los diarios «The Miami Herald» y «Miami News». Cuando se publicó me empezaron a decir qué buen thriller había escrito. Es decir que no fui hacia ese género, sino que quise, como todo autor, escribir el mejor libro que me fuera posible, con una buen historia y un lenguaje atractivo. Busqué tener personajes interesantes y ponerlos en las situaciones más provocadoras porque la tensión genera entusiasmo, involucra al lector. Me salió un thriller, y me sentí cómodo, me divertí escribiéndolo. Hoy pienso que todos las novelas que nos resultan atractivas tienen algo de thriller.
P.: ¿En qué lo ayudó comenzar como periodista?
J.K.: Me hizo conocer la realidad más cruda. Tuve que cubrir como reportero cientos de delitos horribles, de crímenes espantosos, que, de algún modo, forjaron los canales que iban a recorrer mis libros.
P.: ¿No cree que, además, marcó su obra ser el hijo de un peso pesado de la política de los EE.UU., Nicholas Katzenbach, que enfrentó la segregación en Alabama, vivió el asesinato de J.F. Kennedy y de su amigo Robert Kennedy, del que heredó el cargo de Fiscal General de la Nación con Lyndon Johnson?
J.K.: Sí, por supuesto. El 5 de agosto de 1968, el día que asesinaron a Robert Kennedy, fue el peor día en la historia de los Estados Unidos porque una generación entera perdió el camino hacia la esperanza. Fue muy duro de recuperarse. Ahora lo hemos logrado, pero ha sido un recorrido muy difícil. Haber crecido presenciando de manera cercana, íntima, tantos momentos importantes y dramáticos, me enseñó que hasta las acciones más pequeñas o los datos que se cuelan, en la familia más normal y común, pueden ser de una importancia psicológica inmensa, que hay sucesos que nos sacuden a todos. Como escritor trato de trasmitir ese conocimiento a través de mis personajes, no como discursos, sino como charlas, diálogos y comentarios de mis personajes. Y noto muchas veces que al escribir extraigo emociones de mis recuerdos, de por ejemplo haber tenido 13 años y ver pasar el cortejo de Kennedy. Uno de pronto, por una curiosa asociación, vuelve a tocar esas imágenes y crean una música que se vuelve en las palabras precisas para un momento del relato.
P.: ¿En su familia se comentaban esos magnicidios?
J.K.: Tengo un padre abogado y una madre psicoanalista, que nunca se callan nada y buscan ver todo como una historia, como algo que podría interpretarse desde diversas perspectivas, sobre los que se podía debatir.
P.: ¿Cómo construye sus historias?
J.K.: Escucho, veo, leo o recuerdo algo y ahí puede comenzar una historia. El punto de partida es múltiple. Un día, antes de escribir «La guerra de Hart», estaba charlando con mi padre y recordó cuando había pasado mil días como prisionero de guerra en un campo de concentración. Nunca me había hablado de eso. ¿Hubo algún delito, algún homicidio, entre ustedes? Sí algo hubo, pero los alemanes nos permitieron tener nuestro tribunal y hacer nuestros propios juicios. Ahí yo comencé a tener la imagen de un hombre muerto, de un asesinato, y de un plan para escapar y volver a luchar. Recuerdo que cuando se estrenó la película, mi padre me preguntó cuánto dinero le tocaba a él.
P.: ¿Cuando tiene esas imágenes emprende ya la escritura?
J.K.: Para ponerme a escribir tengo que saber dónde empieza el libro, cuáles son las escenas cruciales y cóomo concluye. Muchas veces lo primero que se es el final. Pero al andar lo que busco es giros, cambios, provocar exitación, intrigar.
P.: ¿Cómo logra eso?
J.K.: Un magnífica profesora de escritura creativa en la universidad nos enseñó que los mejores libros no son los que enfatizan como importante la escena donde el criminal saca el arma, eso mal o bien cualquiera sabe describirlo, lo que hace que sea un gran libro, es que haga conocer lo anterior a ese instante en que delincuente saca el arma: qué pensó, qué está pensando, qué va a hacer luego, cómo llega a ese momento, qué hay detrás del impulso, si uno puede lograr que eso tome vida, tuvo éxito.
P.: De las películas que hicieron con sus novelas, ¿cuál es la que considera más fiel a su obra?
J.K.: Probablemente la primera, «Noticias escritas con sangre», que se basó en «Al calor del verano». El problema que tengo con las adaptaciones de mis novelas, es que parecen olvidarse para qué compraron el libro. Perdieron de vista lo que les había gustado. Espero que con «El psicoanalista» no pase eso. La va a hacer un director francés. La verdad me asusta un poco lo que puede hacer un francés con el psicoanálisis [Se ríe]. Por mi parte, frente a eso que sentía de las adaptaciones, lo que hice con la siguiente novela que me contrataron, «La historia del loco», es escribir el guión. Ahí me di cuenta lo mucho que se tiene que trabajar para que las escenas entren en el mundo del director y de los actores, y para compactar la historia en unas dos horas. Uno ve cómo las páginas se convierten en una frase, un diálogo. A la vez uno busca que el carácter de los personajes se mantenga y encaje con los actores, y que el director pueda entretejer con ese guión su propia historia. Eso es muy difícil para un autor, para lograrlo tiene que perder el control de lo que ha escrito originalmente, se vuelve un intermediario para intermediarios de la obra original.
P.: ¿Qué actores se parecieron más a personajes de sus novelas que llevaron ya al cine?
J.K.: Tuve a Sean Connery, a Bruce Willis, pero para míi la mejor actuación fue la de Kurt Russell. Trabajó muy duro para captar la naturaleza del periodista que se ve atrapado en una trama siniestra, en «Noticias escritas con sangre».
P.: ¿Qué se siente ser un best seller internacional?
J.K.: A mi perro no le importa. Mis hijos piensan que para ellos es divertido. Mi querida esposa, que está acá cerca, querría que me calle la boca. Y mis otros parientes creen que soy simplemente un loco que cree que es un escritor un poco conocido.
Entrevista de Máximo Soto


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