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Todo el oropel para Dilma, que puso fecha: enero 31 en Bs. As.
Cristina de Kirchner
Para realzar esa presencia se ha previsto un acto protocolar de presentación de delegaciones en el Salón Blanco, previo a la conversación privada de las dos presidentes.
De ahí, al mediodía, irán al Palacio San Martín, donde está previsto un almuerzo con funcionarios, empresarios, legisladores e invitados especiales para el cual se prevé un listado extendido de convocados.
Por la tarde, después de los discursos, habrá reuniones de los funcionarios que vendrán con Dilma y sus colegas argentinos.
También se está armando una agenda con empresarios de los dos países con intereses mutuos que complican las vacaciones (converge la mayoría de los hombres de negocios de los dos países en las playas del Uruguay y está costando convencerlos de venir a Buenos Aires). La partida de Dilma hacia su país será en la noche del lunes 31.
Simbólico
Este encuentro reviste más que nada un sentido simbólico: es la primera visita al exterior que hace la nueva presidenta de Brasil, que ha prometido mantener el estado de relaciones con la Argentina.
Eso prevé prolongar lo bueno que hereda de Lula, pero también los problemas en la relación, que buscará remediar.
El punto más débil de las relaciones es el comercio. La Argentina se queja de que el déficit en el comercio internacional con Brasil es de u$s 12.000 millones porque el país vecino dificulta el ingreso de productos argentinos.
Brasil se queja de que la Argentina aplica barreras no formales para frenar la entrada de bienes del Brasil. Por lo bajo, los funcionarios argentinos esgrimen la necesidad de proteger la actividad local en rubros como calzado, electrodomésticos y textiles, que son producidos en los dos países.
Esta relación ha sido motivo de varias reuniones entre los presidentes, que no han logrado encontrar una fórmula que supere esa inquina, que nace de las asimetrías entre los dos países.
Aunque el tema comercial será tratado en reuniones privadas y públicas, no se espera que ninguno de los dos países modifique su estrategia, algo que llevará mucho tiempo bordar y que requiere un bien escaso en esta relación, la voluntad de encontrar una forma de convivencia que salvaguarde los intereses de las dos partes.
El rédito de la visita serán las fotos, los abrazos, los juramentos de amor y amistad, ese ingrediente al que son afectos los gobiernos para intentar ganar el favor del público.


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