16 de julio 2013 - 00:00

Todo sube: ¿es para desconfiar?

Volvió la luz verde en los mercados (con la venia oficial de Ben Bernanke). ¿Efervescencia, quizá? El Dow Jones y el S&P500 arrollaron los récords de mayo a paso redoblado. Esperaban confiados el aporte de los balances empresarios, pero se dispararon hacia las alturas antes siquiera de conocer los primeros resultados contables. Todavía más escaló el Russell 2000, la cesta de acciones de pequeñas compañías, a la hora de batir sus marcas históricas. Señal poderosa porque el Russell 2000 es un cuchillo de doble filo y, si sobrevienen turbulencias, el riesgo que se corre al empuñarlo es muchísimo mayor. El NASDAQ, que también sobresalió al desplegar sus alas, confirmó la convicción de que para las acciones vienen tiempos mejores. Y no porque los actuales no hayan sido muy buenos.

Subió Wall Street y subieron las Bolsas internacionales en una semana pródiga. Hasta los activos más desfavorecidos por los planteos de la Fed disfrutaron un recreo. La recuperación fue generosa: los bonos del Tesoro sin riesgo crediticio, y los de baja calidad y alto rendimiento, las materias primas, y los mercados emergentes recompusieron su maltrecha apostura. El estandarte de otros tiempos, recientes pero ya lejanos, el oro, sostuvo un rally toda la semana, la mejor en un año oprobioso. No todo fueron rosas, es verdad, y entre las rosas hubo espinas. ¿Que la crisis política de Portugal recrudeció y las tasas de sus bonos volvieron a cruzar en alza el umbral sensible del 7%? Es cierto. Pero Lisboa no impone agenda. Nadie que no estuviera directamente involucrado lo habrá notado. ¿Que el futuro de Rajoy en España pende de un hilo? ¿Que China adelantó -a través de su ministro de Finanzas- que el crecimiento puede haber mermado por debajo del 7%? El mismo vocero lo relativizó: "No pensamos que sea un gran problema". En otro momento el aleteo de una mariposa en Pekín pudo provocar un cataclismo en Occidente. No estos días. La teoría del caos -tras el trajín de mayo y junio- se tomó licencia.

Lo que sí cayó, y pesadamente, es la sensación de peligro. Consignar que el indicador de volatilidad de las acciones en Nueva York retrocedió a los niveles que mostraba antes que Bernanke se vistiera de tábano es apenas señalar el árbol. Lo que impresiona es el repliegue del bosque. Ya se dijo: resucitaron hasta los muertos que, pocas ruedas atrás, se linchaban en masa. Al parecer, cesó el pánico, la gente entendió lo que la Fed pretende, y, como consecuencia, a estos precios, hay compradores para todo.

La Fed comunicó. Hizo el trabajo sucio. Y vendió su mercadería. Desde la reprimenda inicial de Bernanke al día de hoy transcurrieron dos meses exactos. Tocar el QE3 -el programa de compra de bonos- era, en un primer momento, un sacrilegio. Sodoma y Gomorra. La Fed explicó lo obvio con paciencia de maestra jardinera: error, lo que se busca clausurar es sólo Gomorra. Las políticas de la Fed son dos: la adquisición de bonos y la fijación de las tasas cortas en cero. El banco central quiere desmantelar, paso a paso, sólo la compra de bonos, el QE3. Modificar las tasas pertenece a la agenda de 2015. Teatral, Bernanke declamó en el National Bureau of Economic Research: "Una política ampliamente acomodaticia es lo que se necesita". Magnífico. Wall Street se conmovió. Hasta las lágrimas. O más importante aún, hasta los récords.

Vale decir que el proceso de adaptación tuvo éxito. Desde el jardín, la Fed nos enseñó cuál es el futuro, una menor compra de bonos, dosificada hasta su extinción. Se acepta, dos meses después, que no será el fin del mundo. Es un avance. ¿Quizás siendo así la suba de la tasa larga debería corregirse más profundamente? Entre extremos, la tasa del Tesoro a diez años escaló un punto completo. ¿Es razonable? Dice James Bullard, el segundo disidente en las sesiones del Comité de Mercado Abierto: "Una justificación clave es que existe ahora un mayor optimismo sobre el futuro desempeño económico". Las Bolsas se montaron en los pronósticos rosados de la Fed. La tasa larga trepó idéntica escalera. Bullard aconseja cautela: "Los últimos años, los pronósticos optimistas han errado consistentemente". Es bueno anotarlo. La economía de EE.UU. creció al 2,1% anual los primeros tres trimestres de 2012 y, en los tres posteriores, durante la vigencia del QE3, con suerte si superó el 1%. Wall Street, en ese último período, ascendió el 25%. Después de conocer la suerte de los inventarios mayoristas de abril y mayo, ceteris paribus, habría que rebajar en medio punto la estimación de crecimiento del segundo trimestre. No será fácil batir el 1%. De más está decir que sin la Fed y su optimismo, Wall Street estaría hoy en serios aprietos. Pero no hay mal que por bien no venga. Ya estamos vacunados para un recorte del QE3. ¿Y si no se produce, o se posterga? Si la economía no da el "pinet", ¿qué mejor noticia para las Bolsas que saber que el estímulo persistirá a pleno? Esa noción de que a Wall Street no hay línea de colectivo que no la deje bien es de lo que más hay que desconfiar.

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