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Todos contra todos: riesgo de fracaso en la cumbre del clima
Choques violentos en las calles de Copenhague y escepticismo creciente de los delegados en las deliberaciones. Sólo una negociación intensa y de buena fue puede salvar del fracaso a la Cumbre sobre Cambio Climático.
La mayor parte de participantes en la cita danesa es consciente de que hoy y mañana serán cruciales para que la balanza se decante del lado del éxito o de un fracaso que ayer parecía evidente.
«Todavía creo que es posible alcanzar un acuerdo, para eso las próximas 24 horas serán determinantes», aseguró ayer a la tarde el encargado de Naciones Unidas para el clima, Yvo de Boer.
«Ya se sabe cómo son estas cumbres internacionales, los resultados llegan siempre en el último momento», aseguró por su parte el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, en un intento por inyectar un poco de optimismo. A pesar de los mensajes que buscan que no caigan los ánimos, la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático de Copenhague parece encaminarse a un túnel sin salida, con las posturas enfrentadas y aparentemente irreconciliables entre dos grupos bien definidos: ricos y pobres del planeta.
«El capitalismo es el culpable del calentamiento global. Los ricos deben asumir su responsabilidad en asistir a los pobres», aseguró, en una intervención acalorada, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Su par de Bolivia, Evo Morales, tampoco desaprovechó su oportunidad. «Si queremos salvar la humanidad y la Tierra, debemos acabar primero con el capitalismo», subrayó el líder indígena.
Las naciones emergentes formaron una coalición tácita, una alianza para «presionar» para que los ricos, especialmente EE.UU., hagan más esfuerzos. En esta nueva alianza figuran de manera destacada India, China y Brasil, quienes se lamentaron ayer de la «soberbia» con que los ricos tratan sus reclamos.
Uno de los ejemplos más claros de ese panorama fueron las protestas que ayer a la mañana llevaron a cabo los miembros de la delegación china, que se lamentaron por el hecho de que un borrador que había sido supuestamente acordado a la mañana por un grupo de países «ricos» no fue comunicado al grupo de los que integran el «tercer mundo». «Aquí se negocian cosas en la sombra, sin consultar», se lamentó uno de los delegados.
El terreno estaba suficientemente abonado para que Chávez encendiera la mecha. «Está circulando por ahí un texto que viene de la nada. En esta cumbre, las cosas funcionan como en una dictadura imperialista», agregó el mandatario venezolano.
Desconfianza
Mientras tanto, los líderes mundiales comenzaron a llegar ayer, en medio de un ambiente de caos, pesimismo y desconfianza, todo lo cual podría desembocar en un naufragio de esta cita que se anunciaba histórica, destinada a sustituir al Protocolo de Kioto, que expira en 2012.
Anoche estaba programada una reunión de protesta de algunos miembros africanos y latinoamericanos del denominado grupo G-77, que engloba fundamentalmente a los países en vías de desarrollo.
Mientras los pobres critican el trato «desigual» que les dispensan los ricos, China se muestra inflexible a hacer más concesiones en reducción de dióxido de carbono, dado que no quiere comprometer su rápido ritmo de crecimiento, y EE.UU. Unidos (que no aún no firmó el Protocolo de Kioto) no se mueve un centímetro de su postura.
Mientras tanto, en las calles de Copenhague, los activistas ecologistas también fueron protagonistas de la jornada con un intento de asalto al Bella Center, donde se celebra la cumbre, y fueron duramente reprimidos por la Policía, que arrestó a más de 240 personas.
En ese marco de tensión, un especialista sobre el cambio climático sufgrió un infarto en plena exposición. El hombre se encontraba estable y fuera de peligro.
Agencias EFE, DPA, AFP, Reuters y ANSA


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