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Todos los caminos conducen a un canje
Quizás el default hubiera sido inevitable de todas maneras ya que cuando hay problemas de iliquidez e insolvencia, como era el caso de la Argentina, ese tipo de acciones no puede detenerse. Pero un default «amigable» seguido de una inmediata reestructuración y de apoyo financiero multilateral e internacional pueden resolver crisis de deuda inevitables.
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En este sentido, siempre se debe destacar que la toma de endeudamiento externo debe efectuarse de manera responsable y sólo para financiar proyectos y obras de infraestructura u otros de la economía real, pero nunca para financiar gastos corrientes. Al no cumplirse esta premisa son los propios países endeudados (así como los acreedores que prestan a economías sobreendeudadas) los responsables de sus propias crisis, que lamentablemente luego requieren que otros países que manejaron más seriamente su perfil financiero tengan que prestarles ayuda además de generar caídas en los mercados financieros internacionales y contagio en otras economías, entre otros efectos negativos.
Pero cuando hay problemas de iliquidez e insolvencia, es muy probable que los rescates sin una reestructuración de deuda y reformas económicas -incluyendo reformas del estado-, no funcionen ya que como fue el caso de la Argentina durante 2001 los fondos prestados por el FMI se utilizan para financiar la fuga de capitales. Esto es precisamente lo que están sufriendo varios países de Europa, con deudas que no pueden afrontar y que afectan sus propias economías así como las de otros países.
Ante este panorama se discuten estrategias de rescates permanentes y complementarias por parte de los organismos internacionales y de otros países. Pero los rescates para tener éxito requieren una situación de solvencia patrimonial resuelta con respecto al perfil de endeudamiento de un país. Lamentablemente para estos países los títulos soberanos internacionales requieren el consentimiento de los acreedores para una reestructuración. Si éstos no acompañan en un número mayoritario la reestructuración no puede llevarse a cabo.
Asimismo, al problema de la crisis de la deuda europea se suma el de la deuda de Estados Unidos. Este país claramente no puede ser rescatado por otros. Este hecho lo obligará a resolver su deuda en forma propia, es decir, el deudor con sus acreedores. Hasta el momento se discutió aumentar el techo del endeudamiento. Es decir, una autorización para que contraiga más deuda, lo cual se asemejaría a un rescate del propio mercado. Pero la situación es muy grave aún dado que desde ya los problemas de deuda no se solucionaron sino que sólo se postergan (y agravan).
En suma, los países desarrollados con problemas de deuda buscan solucionar la situación con más deuda buscando escaparle al default. Pero el riesgo es que sin una reestructuración de deuda preventiva que convenza a los acreedores que deben soportar parte de las pérdidas (las que surgirían de una reestructuración amigable predefault) para evitar pérdidas mayores (las que surgirían de un default) los rescates continúen fracasando. Las reestructuraciones de deuda son factibles y cuando no queda otro remedio es más conveniente hacerlas antes y bien que tarde y mal.


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