4 de mayo 2010 - 00:00

Toledo: sensible recreación de las fantasías de Borges/Kafka

El mono, personaje central de los grabados que ilustran «Informe para una academia» de Kafka, y uno de los seres prodigiosos con los que Francisco Toledo alude al «Manual de Zoología» de Jorge Luis Borges.
El mono, personaje central de los grabados que ilustran «Informe para una academia» de Kafka, y uno de los seres prodigiosos con los que Francisco Toledo alude al «Manual de Zoología» de Jorge Luis Borges.
El Centro Cultural Borges acaba de inaugurar «Borges/Kafka. Una interpretación gráfica de Francisco Toledo», exposición que reúne por primera vez dos extensas series de dibujos que el artista mexicano realizó a partir del «Manual de zoología fantástica», de Jorge Luis Borges, e «Informe para una academia», de Franz Kafka.

En el marco de la Bienal Borges-Kafka, que se realiza en ciudades tan distantes como Buenos Aires y Praga, las imágenes oníricas de Francisco Toledo son el nexo entre la cultura universal y la de América profunda. El Cultural Borges montó las dos series enfrentadas en la sala de exhibición, y dedica un importante espacio a la lectura, un lugar donde el espectador puede acceder a los textos de ambos escritores. La dualidad, el animismo y totemismo; la magia y el mito; son las claves que permiten entender estas historias de dimensiones fantásticas, pobladas de seres prodigiosos que, a lo largo de toda la exposición, confrontan y descubren las imágenes.

El Fondo de Cultura Económica, publicó en el año 1957 el «Manual de zoología fantástica» de Borges y, en 1983, para celebrar su 50 aniversario, la editorial le encomendó a Toledo las 46 tintas y acuarelas que llegaron a Buenos Aires. Desde principios de la década del 80, la serie completa pertenece a la colección de la Galería Arvil, institución a cargo de dos promotores del patrimonio artístico mexicano, Armando Colina y Víctor Acuña, quienes la enviaron a una gira permanente por el mundo.

La fantasía borgeana y la de Toledo caminan a la par, sus animales imaginarios se alejan del frenesí taxonómico de los científicos, de la clasificación y hasta de la apreciación pura y exclusivamente estética, para poner en evidencia que el hombre no está sólo en el universo, que donde quiera que mire es él pero también es su divinidad y su prójimo. Las imágenes y los textos son portadores del simbolismo y de las simbióticas figuras zoomórficas del centauro, el unicornio, el ave fénix, los dragones, el cancerbero, las arpías y, entre otros, los animales surgidos de la fantasía de Borges.

«El mono de la tinta», con su cola enrulada, flotando a milímetros del suelo y bebiéndose la tinta como elixir inspirador, mientras sostiene la pluma en su mano, parece resumir las facultades del dibujante y el escritor. El texto de Borges, dice: «Este animal abunda en las regiones del norte y tienen cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando que hayan concluido y se bebe el sobrante de la tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas y se queda tranquilo. Wang Ta-Hai (1791)».

El mono, imagen recurrente en la obra de Toledo, es el personaje central de la serie de 44 grabados pertenecientes a la Galería Quetzali de Oaxaca, que ilustra «Informe para una Academia» de Kafka, texto de 1917. La historia de un mono atrapado por unos cazadores y colocado en la situación extrema de transformarse en un ser humano, está relatada en palabras e imágenes con el estilo tabicado del cómic. El autor de «La metamorfosis» (1915), invierte la historia de Gregorio Samsa (que se metamorfosea en insecto) y, vuelve, a través del discurso del mono y la descripción del proceso que lo lleva a convertirse en hombre, a reflexionar sobre la precaria condición humana.

Al igual que en otras obras, en estos grabados realizados en 2005, Toledo alcanza un equilibrio perfecto entre los rasgos marcados y las cualidades evanescentes que contribuyen a subrayar la condición onírica de su trabajo.

Los dibujos del artista mexicano se destacan por la destreza del oficio, el dinamismo y una energía latente en la línea. Representante en su tierra de la cultura nativa y también la universal, que supo «fagocitarse» (en el sentido que le brinda al término el brasileño Oswald de Andrade), Toledo es un enamorado del arte originario de América. Su figura enjuta, sus rasgos aindiados, invitan a evocar los ritos sagrados y sobrenaturales del chamanismo. Mientras su arte hunde sus raíces en un pasado arcaico, va en busca del poder trascendente que -como asegura Rodolfo Kusch- subyace todavía en nuestra tierra. Toledo, en definitiva, ha logrado transportar a su obra los impulsos oscuros que provienen de la naturaleza, tiene un modo lúcido y a la vez instintivo de habitar el mundo, de ver las señales ancestrales, los mensajes que durante milenios estuvieron ocultos y cuyo destinatario es el espectador.

Acaso por estas razones, por el privilegio de albergar dos genios de la literatura y uno de los artistas más sensibles de América, la sala de exhibición se ha convertido en un escenario casi místico, en un espacio casi sagrado.

En México, país empeñado desde hace décadas en la revalorización de su patrimonio cultural, los grandes artistas disfrutan de un estatus que excede el del resto del mundo. Su gente idolatra a los grandes muralistas Rivera, Orozco y Siqueiros, y también a Frida Kahlo, y a Tamayo y tantos más. Toledo está considerado como el mejor pintor vivo, el más cotizado y respetado, no sólo por la calidad de su obra sino además, por el trabajo de recuperación de la cultura originaria y la restauración de edificios históricos que realiza en Oaxaca. La muestra está organizada por la Embajada de México en Argentina, el Ministerio de Cultura porteño, la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, la Sociedad y el Centro Franz Kafka de Praga.

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