15 de enero 2010 - 00:00

Tour de force de una notable Luisa Kuliok

Luisa Kuliok pone en juego toda su vitalidad y desparpajo para transmitir los planteos del rabino brasileño Nilton Bonder, que aún así exigen un esfuerzo del espectador.
Luisa Kuliok pone en juego toda su vitalidad y desparpajo para transmitir los planteos del rabino brasileño Nilton Bonder, que aún así exigen un esfuerzo del espectador.
«El Alma inmoral» de N.Bonder. Dir.: L.Jelin. Int.: L. Kuliok. Mús.Orig.: L. Dyzenchauz. Esc. y Vest.: A. Mateo. Dis.Ilum.: J.Leyba. (Teatro «Payró»)

Es casi una proeza lo que logra Luisa Kuliok poniendo su cuerpo -y también su simpatía y sensualidad- al servicio de un texto de índole filosófico-religiosa que pese de sus estimulantes reflexiones y novedosos planteos, no termina de doblegarse a las necesidades del lenguaje escénico.

«El Alma inmoral» es uno de los libros más difundidos del rabino brasileño Nilton Bonder y fue adaptado para la escena por la actriz Clarice Niskier que también lo protagonizó en Brasil con gran éxito de público. Pero, a juzgar por los fragmentos que pueden verse en la Web, la intérprete brasileña no tiene la vitalidad ni el desparpajo que pone en juego Kuliok.

La ex diva de las telenovelas, se mueve en un espacio abstracto que en cierto modo ella misma va moldeando de acuerdo a los distintos climas y situaciones que el texto propone.

Las partes más teóricas son enunciadas con suma naturalidad y llaneza. Enseguida se genera una atmósfera cálida y distendida. Pero por más que la actriz se apropie de cada párrafo con un entusiasmo arrollador y realce cada historia con silencios y miradas elocuentes, también el espectador debe colaborar con su esfuerzo. Aquí se le exige la misma calidad de escucha que se le dispensa a un maestro, a un buen orador, a un conferencista.

Bonder es un pensador provocativo, inteligente que conoce la tradición judeo-cristiana en profundidad y se atreve a resignificarla con actitud conciliadora e implacable lucidez. Aquí pasa revista a las nociones de: cuerpo y alma, lo bueno y lo correcto, la tradición religiosa y el discernimiento individual, la infidelidad en el matrimonio, etcétera.

Para apoyar sus razonamientos, recurre a varios episodios bíblicos (El árbol prohibido del Edén; el sacrificio de Abraham, Sodoma y Gomorra, la figura de Cristo) y a atrevidos ejemplos relacionados con la ciencia, la cultura y los nuevos desafíos del siglo XXI.

La directora Lía Jelín creó varios senderos para ablandar el tono expositivo de este monólogo, como por ejemplo, la presencia en escena del contrabajista Luciano Dyzenchauz y la utilización de telas y diversos objetos de calidad plástica (obra del escenógrafo Alejandro Mateo).

A decir verdad, los momentos que más se agradecen de este espectáculo son aquellos en los que la actriz dramatiza diversos cuentos jasídicos llenos de picardía, finales desconcertantes y enseñanzas que se infiltran sin avisar, por la vía del chiste y la paradoja.

Dejá tu comentario