13 de noviembre 2012 - 00:00

Tracey Emin o cómo entretejer la obra con la vida real

Las obras de Tracey Emin  pertenecen al campo expandido del arte, están en el borde de la catarsis y se asemejan al teatro o el cine. Lo que «se siente» ante ellas es la marea de emociones que sin pudor alguno transmite el personaje.
Las obras de Tracey Emin pertenecen al campo expandido del arte, están en el borde de la catarsis y se asemejan al teatro o el cine. Lo que «se siente» ante ellas es la marea de emociones que sin pudor alguno transmite el personaje.
Con el arribo del curador canadiense Philip Larratt Smith al programa internacional, el Malba vuelve a exhibir este año una muestra de primer nivel que, al igual que «Bye Bye American Pie», cuestiona el mundo en el que vivimos. El jueves, con la presencia de la artista británica, se inaugurará «Tracey Emin. «How It Feels» («Lo que se siente»). Y lo que en verdad «se siente», es la marea de emociones que sin pudor alguno transmite el personaje. Después, hay mucho para pensar.

La exposición es breve, consiste en cinco videos realizados entre los años 1995 y 2000, pero brinda una clara idea sobre una artista capaz de escandalizar a los británicos. «Una artista medio turca y medio inglesa, de baja clase social», como la define el curador.

En 1999, nominada al Premio Turner, Emin alcanzó la máxima visibilidad en los medios internacionales cuando mostró su cama revuelta, con profilácticos, botellas de alcohol y su ropa interior manchada de sangre. Con esta obra y una carpa bordada con dedicación femenina, donde inscribió los nombres de todas las personas que habían dormido con ella, Emin expuso públicamente sus cuestiones íntimas. El cubano Félix González Torres ya en el año 1991 había puesto lo privado en la esfera pública: los carteles callejeros con la foto de la almohada que ostenta el rastro dejado por su amante muerto de sida. Pero la cama de Emin fue considerada obscena.

Por cierto, la selección de Larratt Smith confirma que Emin no tiene reservas ni prejuicios, pero exhibir el dolor de un modo tan abierto, no sólo prueba el coraje sino además la inocencia que conlleva decir la verdad sin reparos.

La obra de Emin pertenece al campo expandido del arte, está en el borde de la catarsis y se asemeja al teatro o el cine. Ella entreteje con habilidad la obra entre las palabras del relato de su intensa vida. Y su valor se acrecienta con la sinceridad narrativa sobre las cuestiones más escabrosas del universo femenino. A partir de allí, Emin analiza el sentido del arte, configura la obra, con datos y reflexiones personalísimos.

Destino

La artista parece ilustrar con su historia el pensamiento de Agnes Heller, quien sostenía que el sujeto individual puede forjar un destino con sus contingencias existenciales. Emin construyó su destino de artista doblegando la adversidad de sus experiencias vitales.

«How It Feels» («Lo que se siente», 1996), un monólogo autobiográfico sobre la crueldad del aborto, ilumina una experiencia traumática y el momento en que nace la determinación de volcar todas las energías al arte. Emin advierte sin embargo que no quiere hacer unas «pinturas de mierda», dato, entre otros, que la coloca en la vertiente conceptual. Durante el escalofriante relato Emin cuenta que tuvo en sus manos un feto sangrante, confiesa los sentimientos desencontrados, su incertidumbre y la desilusión del fracaso. Expone su fragilidad, la incapacidad para hacerse cargo de un hijo, y la penuria de no tener a quién brindar amor, circunstancia que deriva en neurosis. Luego de padecer sufrimientos físicos y psíquicos demoledores y abandonar su trabajo durante más de un año, transforma pese a todo, su rabia en energía. Así reúne sus fuerzas dispersas: sus estudios en el Maidstone College of Art y en el Royal College of Art de Londres, en suma, «lo que hay», como dice Fernanda Laguna en el texto del catálogo. Hoy, a sus 49 años, Emin es la mujer más famosa de Inglaterra después de la reina Isabel. Larratt Smith afirma: «Ella alimenta su fama y sabe hacerlo, porque su interés es el público masivo».

«Homage to Edvard Munch and All My Dead Children» («Homenaje a Edvard Munch y a todos mis hijos muertos», 1998), la bellísima y desgarradora visión de una mujer acurrucada mientras se escucha un grito agudo y atroz, sintetiza a la manera del arte clásico, el relato de «Lo que se siente». «Why I Never Became a Dancer» («Por qué nunca llegué a ser bailarina», 1995) es una parábola. En la pubertad, Emin se dedica al «sexo salvaje» con cualquiera, a los 15 años descubre la bajeza de esos hombres maduros y la danza se ofrece como tabla de salvación. «Es la sublimación del sexo», explica el curador. Pero en su debut escénico se frustra su vocación, cuando los hombres con los que había tenido sexo le gritan «putita» y abortan así su carrera.

El video culmina no obstante con un baile, una danza, metáfora de la curación a través del arte, que Emin dedica a todos esos hombres de Margate, la ciudad balnearia a poco más de 100 kilómetros de Londres donde se crió. Allí mismo, en esa extensa playa y con ánimo desafiante filmó «Riding for a Fall» («Tentando a la suerte»), 1998). Ella regresa a Margate como una valkiria contemporánea, montando un caballo, bajo el sol deslumbrante. Segura de sí misma, sujeta las riendas y marca el rumbo al animal. El tiempo no pasó en vano.

La precariedad femenina es el hilo conductor que se desplaza por la obra. El hombre como animal, tema subyacente, se manifiesta abiertamente y con humor en «Love is a Strange Thing» («El amor es una cosa Extraña», 2000), cuando una Tracey Emin glamorosa encuentra un perro que le habla y le pide una relación sexual.

Entre los años 2005 y 2009, con su comunicativo y desprejuiciado estilo, escribió una columna semanal para el diario «The Independent» sobre temas considerados tabú. El jueves, Malba y la editorial Mansalva presentarán el libro «Proximidad del amor», una selección de textos de Emin traducidos por Cecilia Pavón. Así se inicia un convenio entre Malba y Mansalva para futuras publicaciones sobre arte.

Por otra parte, el catálogo incluye una larga entrevista del curador a la artista.

En el diálogo sobresale la lucidez de Emin para ejercer el control sobre una obra que, sin perder su condición de arte, como un reality show, tiende a desbordarse. Tan espontáneos y reales, los videos se confunden con la vida, pero carecen de los errores de la vida. Las imágenes, los diálogos, hasta la filmación casi casera en super 8, se confabulan para crear una intimidad que logra dejar indefensos a los espectadores más precavidos.

Dejá tu comentario