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Tras el no de Piñera a Cameron, Cristina confirmó que viaja
• Llamado en vano de Londres.
• Le pusieron fecha a demorada visita
Ayer un grupo de vecinos de Puerto Argentino que reclaman seguir perteneciendo a Gran Bretaña hicieron una caravana con el argumento de demostrarle al actor Sean Penn, que se manifestó en favor de la Argentina en la disputa de las Malvinas, que están orgullosos de ser ingleses.
Es la posición histórica de mi país, respondió Piñera, quien agregó que no piensa cambiarla. No lo entiendo, fue la respuesta de Londres. Nosotros, explicó, defendemos la autodeterminación de los isleños.
Piñera, ya enredado en un pleito ajeno, se remitió a las últimas novedades. ¿Por qué no negocian, ahora que el presidente de la Asamblea de la ONU ha ofrecido una mediación? Respuesta: lo estamos estudiando, no hemos respondido todavía a eso. Como advirtió que la posición del chileno no la iba a cambiar con un telefonazo, Cameron agregó que no entendía bien de qué se trataba y volvió al tema del G-20 con preguntas sobre quiénes son los ministros que irán a las preparatoria de esa cumbre presidencial. Este fin de semana se reúnen los cancilleres en Los Cabos y no irá el ministro del Foreign Office, William Hague, a quien reemplazará su segundo Jeremy Brown.
La semana próxima, en la capital de México estarán los ministro de Economía y Piñera le hizo un repaso de los nombres de quienes estarán presentes. Para mayor mortificación del inglés, el chileno le preguntó si viajará a Chile el año que viene a la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y los países miembros de la Unión Europea (UE) que se realizará en Chile. La CELAC es el último pergeño de la América morena y se autocalifica como una OEA sin Estados Unidos y sin Canadá, o sea que no es el mejor foro para que se varee un primer ministro británico. Elegante, respondió: falta mucho tiempo, ya veremos si estamos allí. Antes de eso, como ya se anunció, Brown irá a Chile en las próximas semanas para tratar de remediar tanta distancia entre Santiago y Londres, que han sido tan amigos antes.
Esto ocurrió el martes y esa noche el Gobierno argentino ya sabía todo por las comunicaciones que mantuvo Piñera con su ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, y éste con el canciller Héctor Timerman y el embajador Ginés González García. Eso disparó la respuesta del Gobierno argentino de premiar el gesto chileno confirmando que el 15 y el 16 de marzo Cristina de Kirchner hará la demorada visita a Santiago de Chile. El año pasado suspendió el viaje por razones de salud y de las otras: el Gobierno quiso evitar aparecer con un Piñera que pasaba por uno de los momentos de peor imagen y castigado por una oposición que le reclamaba «educación gratis como en la Argentina» y exhibía el nombre de la Presidente como un emblema. Ese recelo se notó en la visita de Piñera al país cuando asumió el nuevo Gobierno y hasta se quejó de que no hubieran previsto una cena en su honor y de los demás visitantes. También se enojó cuando le contaron que en el acto en la Plaza de Mayo el cantante oficial Ignacio Copani había dicho urbi et orbi que «en Chile se fue Pinochet pero hay cosas que no han cambiado».
La confirmación de la visita, que también postergó la operación de la Presidente en la primera semana, es una recompensa para este gesto amistoso de Piñera de sostener la parada ante Cameron. Pero también les hace volver el alma al cuerpo a emprendedores que esperan mucho de esta visita. Por ejemplo, a los que llevan adelante el proyecto de un túnel ferroviario que se licitará a fin de año y que es responsabilidad del Grupo Eurnekian. Este proyecto necesita de avales de los dos países al endeudamiento para realizar esta obra, que se hace en el marco de la iniciativa privada. La Argentina ya incluyó en el presupuesto de este año el dinero para esos avales, pero Chile ha demorado la medida. Según la perspectiva argentina, en Chile no hay experiencia en dar esos avales ni en emprendimientos binacionales y cuesta convencerlos de que el Estado debe avalar créditos para privados. Todos confían en que este viaje de la Presidente será clave para persuadir a los chilenos de que deben mover el morral para que esta obra, que será una de las más importantes de mundo cuando comience, arranque.


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