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Trauma a los Castro el gen capitalista del consumismo
En la decaída Habana se ven cada vez más obras de construcción encaradas por los propios habitantes. Se instalaron locales de Adidas, Victorinox, Mango y Benetton, entre otras firmas.
«No sólo compran turistas rusos, chinos, mexicanos, venezolanos que dicen que los precios son menores que en sus países, sino también muchos cubanos, de los paladares (restoranes privados) y personas con ingresos», comentó un empleado.
El negocio, en una calle adoquinada de La Habana Vieja, vende cuchillos y otros artículos que valen desde cuatro pesos convertibles o CUC (similar en dólares) hasta varios cientos.
No se trata de un caso aislado en un país donde el salario promedio es de 18 dólares mensuales y la gente se queja de que «no hay dinero» porque casi nadie llega a fin de mes con su sueldo, a pesar de tener educación y salud gratuitas y una canasta básica de alimentos subsidiada.
Al igual que otras capitales latinoamericanas, La
Habana tiene ahora locales de cadenas internacionales como Mango, Benetton, Adidas y Victorinox, y tiendas estatales que venden una variedad de artículos electrónicos y electrodomésticos.
Además, restoranes de más de 100 sillas, como Castropol, de una sociedad de descendientes españoles, y el estatal Palenque, están generalmente llenos y, a diferencia de años atrás, sus comensales son mayoritariamente cubanos.
Cualquier economista recién desembarcado quedaría desconcertado: según cifras oficiales, los cubanos tuvieron ingresos en 2010 por unos 39.500 millones de pesos (1.600 millones de dólares) y gastaron un poquito más.
Las reformas económicas del presidente Raúl Castro, que sustituyó en el mando a su hermano enfermo Fidel en 2006, abrieron espacio a negocios privados, lo que incrementó los ingresos y consumo de muchas familias.
Se suman una mayor flexibilidad de Estados Unidos para que los cubano-estadounidenses envíen remesas a sus familias en la isla y los numerosos profesionales cubanos (médicos principalmente) que trabajan en misiones en el exterior y ganan en divisas.
En 2011 los cubanos se convirtieron en el segundo grupo en los hoteles de turismo, después de los canadienses, con gastos de 41 millones de dólares en el primer semestre, según cifras oficiales.
Más permisos
Ya en 2010, tres millones de cubanos se hospedaron en hoteles: 93.400 en instalaciones cinco estrellas, donde una habitación cuesta más de cinco veces el salario promedio mensual, y 465.000 en hoteles cuatro estrellas.
Raúl Castro autorizó la compraventa de casas y autos, liberó la venta de materiales de la construcción, restituyó los créditos bancarios y estableció subsidios para arreglar casas, lo que está dando también cierto dinamismo a la construcción.
En algunos barrios, la descolorida capital comienza a renacer de sus ruinas. Albañiles acarrean bloques, ladrillos y arena en carretillas por sus agujereadas calles y cada mañana una casa sorprende a los vecinos con su renovado esplendor.
Una parte considerable de los recursos que se destinan al floreciente consumo proviene del exterior: Cuba recibió 2.000 millones de dólares remesas familiares en 2010, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
«Se está produciendo una lenta redistribución de la riqueza. Profesionales que vivían apretadamente de su salario venden el viejo auto soviético y de pronto tienen 8.000 o 10.000 CUC en sus manos. De inmediato arreglan su casa, compran alimentos y hasta celebran modestamente algún cumpleaños», comentó una economista de un organismo oficial, que pidió mantener el anonimato.
En la provincia de Las Tunas (este) Griselda Velasco, jubilada, arregló su departamento con los ahorros de su hija dentista que trabajó varios años en una misión en Venezuela. En Ciego de Avila (también en el este) Juan Rodríguez compró una casa con sus propinas acumuladas como barman en un hotel.
Sin contar a los músicos y pintores, considerados los de mayores ingresos en Cuba, otros grupos disponen de dinero que, con las reformas, pusieron en movimiento, aunque buena parte de los cubanos sigue al margen del nuevo consumo.
Agencia AFP


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