La conducta de Cavallo a lo largo de casi tres meses recordó por momentos a la de Fernando de la Rúa cuando el año pasado fue sobreseído en la causa de los supuestos sobornos en el Senado. Ambos afrontaron sus respectivos juicios casi como un trabajo: tomaron notas, se reunieron semanalmente con sus abogados, ensayaron sus intervención y, en los dos casos, llegaron al final con la duda de si el veredicto de los jueces será suficiente para contrarrestar ciertas creencias instaladas a lo largo de los años.
Ayer Cavallo llegó puntual, acompañado por familiares y por su abogado Eduardo Oderigo. Al rato, infaltable en estas ocasiones, apareció el escritor Jorge Asís, quien se acomodó con su libreta de cuero negro entre el público. Es un habitué en los momentos de definiciones de los juicios más importantes y nunca pasa inadvertido entre los asistentes. Cuando le preguntan por su presencia sólo responde que "siente curiosidad".
Tampoco faltaron el exdiputado del partido de Cavallo, Alfredo Castañón; su exasesor Horacio Liendo (que este año sufrió un duro revés en la Corte Suprema), su hermano Gustavo; su exsecretario privado, José Luis Giménez; el asesor Carlos Bercun; su denunciante Mario Cafiero y el exvocero Lisandro Varela que en las redes sociales acuña el mote de "buen bipolar".
Los jueces Néstor Costabel, Patricia Mallo y Enrique Pose condujeron el capítulo final. Costabel ejerció la presidencia sin contemplaciones y según sus propias normas, lo cual le valió cruces con defensores, con la fiscalía y con Cavallo.
Este tuvo unas palabras finales donde la idea más importante fue que, de haber tenido más tiempo, el canje habría dado resultado y el Gobierno de De la Rúa no se habría precipitado de modo tan trágico. Cada tanto chequeaba sus notas aunque siempre que habló eligió mirar a los jueces. Cuando estos lo cortaban por su relato volátil, Cavallo respondía: "Es una pena".
La fiscalía había pedido tres años con el fundamento de que el megacanje fue una maniobra para favorecer a un grupo de bancos tanto locales como internacionales.
Por el juicio pasaron exasesores y exfuncionarios de rango medio del Ministerio de Economía, banqueros, responsables de organismos multilaterales, exministros de economía de otros países y hombres de la última administración radical incluido el presidente. Ninguno de ellos contribuyó a la tesis de la fiscalía por lo cual el debate perdió intensidad. Otra similitud ineludible con el juicio de los supuestos sobornos en el Senado: nadie nunca pudo confirmar las versiones de Mario Pontaquarto.
"La acusación de la fiscalía no acreditó los extremos de la imputación, esto es ni la materialidad ni la autoría, conforme las motivaciones que serán desarrolladas en la sentencia", resaltaron los jueces como antesala de una sentencia que, se descuenta, podría, apuntar contra la instrucción en las instancias inferiores.
Cuando Costabel leyó ese párrafo el silencio de la Sala fue interrumpido por el comienzo del jolgorio desatado entre los familiares y amigos de Cavallo. El festejo se prolongó durante varios minutos pero Cavallo en ningún momento se mostró demasiado efusivo.
El juicio reprodujo momentos dramáticos, como los recuerdos de los cónclaves en Olivos hasta altas horas de la madrugada en los días finales del Gobierno radical, así como también las constantes referencias a David Mulford, ejecutivo del Credit Suisse, quien siempre procuró mantenerse alejado de los tribunales. A diferencia de otros funcionarios sometidos a juicios penales Cavallo dejó los tribunales a media tarde con una actitud propositiva: quiere seguir en la política.
| Milton Merlo |


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