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Triunfo oficial en el Congreso: ya es imposible aprobar leyes
Las estrategias son las mismas, sólo cambia el que las usa. Ayer, Agustín Rossi siguió desde detrás de las cortinas el intento de la oposición para iniciar la sesión.
Aunque dar o no quórum sea una herramienta democrática no sólo aceptable, sino también recomendable en la estrategia parlamentaria de todo el mundo, la Argentina está innovando en la materia. Sobre todo porque quien no da quórum es el oficialismo, cuando en general la regla indica que es la oposición quién utiliza ese mecanismo para frenar las pretensiones del Gobierno de turno.
Ayer el kirchnerismo lo hizo en las dos cámaras y consiguió así frenar a todo el interbloque opositor en su intento por derogar el DNU de las reservas y modificar la distribución del impuesto al cheque. Aunque ésa sea una estrategia antikirchnerista el Gobierno también está pagando un costo demasiado alto: ningún funcionario podrá proclamar que en el país funciona el sistema de control de esos decretos presidenciales. Hace un mes y medio que debió existir un pronunciamiento de las dos cámaras sobre ese DNU.
Perdedores
Pero, además, el empecinamiento oficial llega al límite de no calcular el daño. A esta altura, en el Congreso todos pierden frente a la opinión pública que ya le perdió el hilo a esta crisis institucional, comprensible sólo para los entendidos. ¿No sería menos doloroso para Cristina de Kirchner aceptar, por ejemplo, que la oposición avance con el cambio en el impuesto al cheque y después vetarlo? Lo mismo puede argumentarse con los decretos de deuda: si ya se acepta que una ley finalmente reemplazará a esos DNU (lo reconocen los jefes de bloque K y si no lo hacen, la Justicia penal podía no tener piedad en el futuro con los funcionarios que los utilizaron), ¿no se acortaría camino dejando que avance el proyecto que el pampeano le hizo a medida a la Casa Rosada?
En la oposición se cometen desatinos en igual proporción. No existe un solo dictamen emitido por las comisiones para rechazar o declarar nulo el DNU de pago con reservas que no esté flojo de papeles. Todos tienen algún cuestionamiento del kirchnerismo por problemas técnicos o de mayorías. Ayer le sumaron la impugnación al despacho que intenta modificar el régimen de control de los DNU.
Así la historia continúa y por esta crisis el Congreso parece condenado a no funcionar. Esa realidad pone nerviosos a oficialistas y opositores. Al mismo tiempo que se traban los proyectos que complican al Gobierno, hay otros de interés público a los que también se condenan al freezer.
Condena
Son esos proyectos que unos pocos senadores razonables quieren introducir en alguna sesión para escapar de una condena popular que, intuyen, alcanzará a todos si no frenan con las escaramuzas de palacio.
La lista no es menor: la reducción de comisiones para el uso de cuentas sueldo, la extensión de la licencia por paternidad y la equiparación con la licencia por adopción; los proyectos para convertir en ley el uso de reservas para el pago de deuda (el de Verna ni siquiera pudo ser ingresado por falta de sesión y ayer se sumó otro de la mendocina Laura Montero que será el oficial de la UCR), y hasta el feriado del 24 de mayo para sumar un fin de semana largo a los festejos del Bicentenario, idea alumbrada por Cristina de Kirchner.
A eso se suma la otra agenda: «Desde la oposición queremos debatir la coparticipación del impuesto al cheque; el reparto equitativo de los ATN; la autonomía de las provincias, en definitiva, el país federal. Pero además, queremos discutir sobre inflación, INDEC; la conformación del Consejo de la Magistratura, las leyes de superpoderes y la reglamentación de los DNU». Así la definió ayer el jujeño Gerardo Morales. Increíble que a nueve meses de las elecciones legislativas no exista algún avance parlamentario sobre la situación del INDEC cuando su intervención fue tema número uno en todas las plataformas de campaña.
Castigo
Ayer, la oposición se quedó dos horas y media en el recinto del Senado despotricando contra el Gobierno. La puntana Liliana Negre de Alonso castigó a todos los ausentes y les recordó, provincia por provincia, los fondos que se perdían por no votar la ley del cheque. Se decidió sancionar a esos senadores, convocarlos a sesionar por edictos en los medios y hasta descontarles un 20% de la dieta por cada faltazo. Samuel Cabanchic hasta sucumbió al estilo de los Kirchner y recomendó a la prensa no endilgarle culpas sólo a la oposición por el fracaso. Prometieron, además, volver al recinto el próximo miércoles.
De poco servirán esas intenciones. Tras los dos intentos fallidos, Agustín Rossi y Miguel Pichetto confirmaron: no podemos dar quórum para votar proyectos que intenten «lesionar y desfinanciar al Gobierno». Nada mejor para mantener ese estatus que el 36 a 36 que consagró ayer la ausencia de Menem en el Senado.

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