20 de mayo 2013 - 00:00

Tuvo buen final Polo Circo 2013

“Smashed”, del grupo británico Gandini Juggling, donde la única habilidad “cirquera” era el malabarismo con manzanas.
“Smashed”, del grupo británico Gandini Juggling, donde la única habilidad “cirquera” era el malabarismo con manzanas.
Concluyó ayer el 5° Festival Internacional Polo Circo, que convocó alrededor de 50 mil espectadores (en las primeras estimaciones) repartidas entre más de 70 funciones, varias de ellas protagonizadas por las 8 compañías internacionales invitadas, y que tuvieron lugar en las 18 sedes que funcionaron simultáneamente, con epicentro en el predio del Polo Circo, que cuenta con tres grandes carpas y escenario al aire libre.

Se advirtió un público heterogéneo, aunque no predominó lo familiar, mucho menos en las funciones nocturnas y pese a que varios de los espectáculos estaban recomendados a partir de los 8 años. Sin embargo más de un despistado al leer "Circo" creyó que la propuesta se asemejaba a la de los circos tradicionales y concurrieron con algunos pequeños espectadores (inclusive bebés), pero al advertir que se trataba más bien del nuevo circo (en varios shows hubo poco de malabares o números tradicionales), intentaban lidiar con chicos que se fastidiaban.

Fueron legión los jóvenes que iban de carpa en carpa para no perderse los espectáculos continuados y se pudo "hacer tiempo" siempre en la carpa de recepción, que ofrecía shows musicales. Los espectadores diferían en todo de los que cada dos años concurren al "Cirque du soleil", y en cambio se emparentaban con el eclectisismo que se encuentra en salas del off de Buenos Aires, para ver obras más bien "under". Desde luego que la mayoría de los espectáculos reflejó búsqueda y riesgo (no siempre bien logrado) y difirió en todo de la convenionalidad que se encuentra, inclusive en el "Cirque du soleil". A juzgar por varias ovaciones finales, el público pareció agradecer esta línea más vanguardista que previsible, por caso, en "Smashed" del grupo británico Gandini Juggling, donde la única habilidad "cirquera" era el malabarismo con manzanas. En cambio, el espectáculo de sintéticos 50 minutos estuvo centrado en pequeñas histórias coreografíadas por habilísimos integrantes quienes, de paso, nunca dejaban de hacer sus malabarismos con manzanas rojas que finalmente deglutieron y arrojaron. Una estética lejana a la del circo, con miembros vestidos de negro, traje y corbata para hombres, tacos para las dos mujeres en escena, con música de los años 20 y la rigidez inicial del "five o clock tea". Conforme avanzó el espectáculo, pasó la lucha de sexos, el amor, la desestablización y hasta la alienación. Todo se derrumbó en un final apocalíptico que el público aplaudió de pie. Al cerrar, sus integrantes contaron que era la primera vez que actuaban en America Latina. Similar éxtasis se vivió en el show de los suecos Cirkus Cirkör, que presentaron "Wear it like a crown".

En ese espectáculo sí se dieron cita todas las hablidades propias del circo, pero con un clima oscuro y cercano a los mundos que construye Tim Burton. Cada personaje encerraba una personalidad que se mostraba a través de sus acciones: malabrismos con sierras eléctircas encendidas en el cuepro de un acróbata temible que infundía temor y prácticas masoquistas como la del fakir que camina sobre vidrios; la mujer "loca" y fragil, la contorsionista y su combinación con un forzudo aunque no tan musculoso, y lo mejor, la pareja que ofreció varios números preciosos con pelotitas de ping pong arrojadas desde sus bocas. Hubo además efectos a lo "De la guarda", con una enorme burbuja plástica que los envolvía o un dominó en madera que se derrumbó para dar paso a una nueva escena. Entusiasmó la artillería de trucos desplegados que sorprendía por una escenografía que parecía ínfima. En cambio el espectáculo que abrió el festival, "Urban", de Circolombia, cansó con tanta autorreferencialidad (se trataba de ex adictos recuperados, quienes en su discurso reiteraban su historia) y para quien no gustaba del rap o hip hop, ese lenguaje resultó excesivo.

Fueron 120 artistas de 8 compañías internacionales, 10 nacionales y más de 20 espectáculos. A nivel local, se rindió tributo a la compañía argentina La Arena, que dirige Gerardo Hochman. Hubo además legión de espectáculos locales de las principales compañías cirqueras, pero lo mejor se vio en la oferta internacional. En relación al crecimiento del festival, del que formaron parte más de 30 programadores de arte circense del mundo, Buenos Aires quedó posicionada como segundo punto de desarrollo del circo en el continente americano, detrás de Montreal. En ese sentido, fueron varios los talleres, charlas y capacitaciones que dan cuenta de la proliferación del estudio de esta disciplina, con multiplicación de escuelas de circo, acrobacia, malabares y telas. Sería bueno que semejante predio fuera explotado más veces al año, dado que salvo algunas contadas funciones en verano, su única utilidad es este festival, que se realiza apenas una semana al año.

Dejá tu comentario