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“Twin Peaks” a la italiana
Toni Servillo como el inspector Sanzio: un actor extraordinario, pero aún poco conocido en la Argentina.
«La ragazza del lago» (que sería «La muchacha del lago»si no persistiera el raro vicio de estrenar películas sin traducirles el título) empieza como «Twin Peaks» pero poco a poco, sin distracciones fantásticas, se va asentando como un policial melancólico, intenso, introspectivo. No perfecto, pero sí sólido. Adaptación de una novela de la noruega Karin Fosum, quien junto con los suecos Henning Mankell y el fallecido Stieg Larsson integra la trinidad del noir nórdico de hoy, su trama se apoya sobre las espaldas de un personaje dominante, el comisario Sanzio, que ha encontrado al actor ideal para interpretarlo, Toni Servillo. Sin él, el film no sería lo que es.
Servillo habría podido integrar la generación de los grandes, la de los Gassman, los Mastroianni y los Manfredi, pero como nació unas décadas después que ellos no goza, en los años digitales, de la misma popularidad. Sus mejores películas no se han conocido en la Argentina, como «Le conseguenze dellamore» o «Il divo», donde interpretó a Giulio Andreotti. Sí se lo vio hace poco como Don Franco en «Gomorra». El estreno de «La ragazza...» le hace justicia: también es uno de sus grandes trabajos.
Cuando su comisario llega al pequeño y paradisíaco paese alpino donde transcurre la acción (ya que no se traduce el título, empleemos esta palabra: es más exacta que pueblito) lo hace en búsqueda de una chiquita que desapareció misteriosamente de allí, cuando la llevaba en su camioneta el tonto del lugar. Sin embargo, lo que encuentra Sanzio una vez que el otro misterio se resuelve sin consecuencias, es mucho más trágico: junto a un lago, aparece el cuerpo desnudo de una bellísima muchacha llamada Anna, la Laura Palmer de este caso.
¿Quién mató a Anna? La arquitectura del policial no transgrede un ápice las reglas clásicas: los sospechosos son múltiples, y van desde el mismo tonto de la camioneta, el ex novio, su propio padre (que la filmaba en poses dudosamente compatibles con una relación paterno-filial), y hasta los padres de un chico autista, ya muerto, en cuya casa trabajó Anna como baby sitter. Hasta el venerable Omero Antonutti, como el padre del tonto, podría engrosar la lista.
Sin embargo, la cualidad de «La ragazza del lago» no termina en el suspenso del enigma por la identidad del criminal, más allá de que esa estrategia satisfaga las demandas del género y del espectador. La atribulada vida privada del comisario, padre de una hija con la que la comunicación es difícil, y sobre todo, esposo de una mujer internada en una clínica, cuyo padecimiento recuerda a la magistral historia de «Lejos de ella» con Julie Christie, se inmiscuye de manera inseparable con la investigación. Tanto lo hace, que no sería aventurado sostener que el mayor interés de este buen film, opera prima del italiano Andres Molaioli, es menos el desenlace como la complicación emotiva del comisario Sanzio con los sospechosos, y la forma en la que interpreta cada uno de los eventuales móviles según el dictado de su propio infierno.


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