Se trata de dos mesas clave: la primera es la que define, frente a cada elección general, el esquema de alianzas que sellará el radicalismo para competir; el segundo organismo es el filtro obligado de la logística electoral: de candidatos a padrones.
La previa estuvo marcada por un dato puntual: ninguno de los sectores tenía, hasta anoche, garantizado el quórum propio para sesionar, por lo que, de manera trabajosa, avanzaban ensayos de acuerdo para lograr un esquema de «integración» que abarque a todos los grupos.
Es un efecto residual, inevitable, de la interna del 6 de junio pasado en la que Alfonsín derrotó, en la pelea por el comité provincial, a la alianza grande montada por los bloques comandados por Leopoldo Moreau, Gustavo Posse, Federico Storani y Julio Cobos.
El reparto de cargos que surgió de aquella disputa muestra al alfonsinismo con el mayor grupo de convencionales pero, a priori, sin número suficiente para poner en marcha sólo con su tropa la convención radical, que es de carácter constitutivo.
Enfrente, con matices internos, el acuerdo grande lo emparda en cantidad de delegados -el punteo fino cambia hora a hora- pero, además de no poder sesionar por cuenta propia, enfrenta un conflicto adicional: el ensamble entre Moreau, Posse, Storani y el cobismo está lejos de ser pacífico.
«¿Si juntamos quórum para controlar la convención, quién pone al presidente?», fue una de los interrogantes que cruzaron las negociaciones previas. Moreau propuso un atajo: que el ex senador Jesús Porrúa, de Superación Radical, presida el buró partidario.
El dirigente calculó que con los convencionales de la SR juntaba el número para poner en marcha la convención y, además, asestarle un duro golpe al alfonsinismo. Pero se topó con una negativa: «Alfonsín ganó la interna y no vamos a ser parte de una operación de ese tipo», se negó Porrúa.
En simultáneo, a través de Miguel Bazze, operador top del alfonsinismo y presidente del Comité Provincia, Alfonsín hizo llegar a sus rivales una propuesta: integrar en partes iguales la convención pero dejando para su espacio la presidencia.
Propuesta
Tiene un nombre: Mauricio Esponda, escribano de Rauch, histórico referente del RAPACA, sigla que en medio de la aventura electoral de Alfonsín Jr. mutó a MORENA. Al mismo tiempo, el alfonsinismo propone un esquema: tres propios y dos ajenos de los cinco de la junta electoral.
La paridad, más allá de que ambos grupos se atribuían anoche números cercanos al quórum, parecía forzar un acuerdo para evitar un riesgo: que por los desacuerdos la convención no pueda sesionar y la UCR enfrente, ante ese fracaso, otro conflicto.
«El partido viene mejorando su relación con la gente. Que la convención no sesione sería un papelón», confió ayer un alfonsinista. Un planteo parecido sonó anoche cerca de Gustavo Posse y entre referentes del cobismo. Moreau, por táctica o naturaleza, expone la postura más dura.
Entre el Comité Provincia y la Legislatura bonaerense toda la semana se ensayaron posibles acuerdos. Los actores de la pulseada fueron Bazze por el alfonsinismo, Porrúa por SR, Eduardo Santín por el moroísmo, Gustavo Bruno por la CON, Carolina Torrilla por el cobismo y Roberto Costa por el possismo.
Delegados, claro, de sus jefes, que tratarán entre hoy y mañana de avanzar en una postura de acuerdo que gambetee los tres escenario críticos.


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